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jueves, 7 de enero de 2016

El día que las AnarcoChonis nos devolvieron la ilusión


Hasta hace unos días sentía que los feminismos que me rodean se habían convertido en una suerte de pelea digital vanguardista de términos academicistas y egos construidos sobre una colección de opresiones HazteConTodosPokemon, que lo siento tías, pero yo no entiendo. Y mi abuela tampoco.

Cuando ya tenía el monóculo colocado, llaga lo anarcoChoni y de un tortazo te devuelve a tu cuerpo, a tu vida y a tu historia. Te escupe a la cara lo que eres y de donde vienes, te coloca en el lugar desde el que comienza tu lucha. Y joder hermanas, que gusto ver lo que pintáis por las calles y como os hacéis presentes en nuestra lucha.

La choni es una identidad social, económica y política. Somos las chavs de esos libros de ciencias políticas que lees pero de los barrios a los que no quieres ni acercarte. Somos a las que desprecias y a las que temes, de las que te ríes y a las que nunca querrías sentar a la mesa en una de esas comidas familiares.

Las chonis somos las hijas maleducadas de la clase proletaria de la periferia.

Las chonis de mi barrio íbamos todas en manada, nos guardábamos los porros en el forro del sujetador y robábamos el botellón en el Carrefour de la avenida. Éramos capaces de sostener la etiqueta de puta o de guarra con orgullo porque nuestra sexualidad, grosera y desvergonzada, era señalada con envidia. Nos hermanábamos con las gitanas, con las rumanas, con las latinas, con las marikas y con todas aquellas que se pintaran de negro el rabillo que Amy Winehouse paseó con arrogancia por cada escenario. Nos colábamos en las discotecas pijas y competíamos por ver quien se enrollaba con más tíos o robaba más copas o más carteras que luego compartíamos de forma descarada. Éramos una tribu de deslenguadas y gozamos de toda aquella adolescencia chabacana de pantalones de campana, leopardo y camisetas escotadas del Berska que se quedaban con un pequeño roto en la parte de la nuca al arrancarles el pita. Nos partíamos la cara si tocaban a una de las nuestras.

Luego supongo que crecimos. Moderamos nuestras vidas para llegar a la universidad o conseguir uno de esos curros de mierda que te pagan la supervivencia a final de mes. Se nos olvidó lo que fuimos.

Recordar esto con cariño y rabia ha sido un nuevo despertar dentro de un recorrido que a veces se vuelve aburrido y correcto. Que placer da ver que habéis vuelto.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

-Nota de suicidio-


Esta es la nota de suicidio de Leeah Alcorn traducida al castellano.

1997 - 2014

Descansa en paz


Si estás leyendo esto, significa que me he suicidado y obviamente no conseguí borrar este post de la cola.



Por favor, no estéis tristes, es lo mejor. La vida que hubiera vivido no merece la pena... porque soy transgénero. Podría explicar detalladamente por qué me siento así, pero es probable que esta nota ya sea lo suficientemente larga tal cual. Para decirlo simplemente, me siento una chica atrapada en el cuerpo de un chico, y me he sentido así desde que tenía cuatro años. No sabía que hubiera una palabra para ese sentimiento, ni que fuera posible para un chico volverse una chica, asi que nunca se lo dije a nadie y simplemente seguí haciendo cosas de "chicos" para intentar encajar.



Cuando tenía catorce años, aprendi el significado de la palabra transgénero y lloré de felicidad. Tras diez años de confusión finalmente comprendí quién era. Se lo dije inmediatamente a mi madre, y ella reaccionó de un modo extremadamente negativo, diciéndome que era una fase, que nunca sería un chica de verdad, que Dios no comete errores, que estaba equivocada. Si estáis leyéndome padres, por favor, nunca le digais eso a vuestros hijos. Incluso si sois cristianos o estáis en contra de la gente transgénero, nunca le digáis eso a nadie, especialmente a vuestro hije. No servirá para nada más que hacerles odiarse a sí mismos. Es exactamente lo que me pasó a mí.



Mi madre empezó a llevarme a un terapeuta, pero solo me llevaba a terapeutas cristianos (que eran todos verdaderamente parciales) asi que nunca tuve la terapia que necesitaba para curarme de la depresión. Solo conseguí más cristianos diciéndome que era egoísta y estaba equivocada y que debería volver la mirada hacia Dios en busca de ayuda.



Cuando tenía dieciséis años me di cuenta de que mis padres nunca se dejarían convencer, y que tendría que esperar hasta los dieciocho para comenzar cualquier tipo de tratamiento de transición, lo que rompió totalmente mi corazón. Cuanto más esperas, más dura es la transición. Sentí, desesperanzada, que iba a parecer un hombre drag por el resto de mi vida. En mi decimosexto cumpleaños, cuando no conseguí el consentimiento por parte de mis padres para empezar la transición. lloré hasta quedarme dormida.



Adquirí una suerte de actitud "que te follen" hacia mis padres y salí del armario como gay en la escuela, pensando que quizá si lo hacía poco a poco sería menos shock salir del armario como trans. Aunque la reacción de mis amigos fue positiva, mis padres se molestaron. Sintieron que yo estaba atacando su imagen, y que era una vergüienza para ellos. Querían que fuera su perfecto niñito hetero cristiano, y eso no era, obviamente, lo que yo queria.



Así que me sacaron de la escuela pública, se llevaron mi portátil y mi móvil, y me prohibieron entrar en cualquier tipo de red social, aislándome de mis amigos. Esta es probablemente la parte de mi vida que más deprimida he estado, y me sorprende no haberme matado. Estuve completamente sola durante cnico meses. Ni amigos, ni apoyo, ni amor. Solo la decepción de mis padres y la crueldad de la soledad.



Al final del año escolar mis padres finalmente cedieron y me dieron mi movil y me dejaron volver a las redes sociales. Estaba excitada, finalmente tenía a mis amigos de vuelta. Ellos estaban tremendamente excitados de verme y hablar conmigo, pero solo al principio. Finalmente se dieron cuanta de que en realidad no les importaba una mierda, y me sentí todavía más sola que antes. A los únicos amigos que pensé que tenía solo les gustabas porque me veían cinco veces a la semana.



Después de un verano sin casi amigos más el peso de tener que pensar en la universidad, ahorrar dinero para mudarme, mantener mis notas altas, ir a la iglesia todas las semanas y sentirme como la mierda porque todo el mundo aquí está en contra de todo por lo que yo vivo, he decidido que tengo suficiente. Nunca voy a tener una transición exitosa, incluso cuando me mude. Nunca voy a ser feliz con la manera en que me veo o sueno. Nunca voy a tener suficientes amigos para satisfacerme. Nunca voy a tener suficiente amor para satisfacerme. Nunca voy a encontrar un hombre que me ame. Nunca voy a ser feliz. O vivo el resto de mi vida como un hombre solitario que desearía ser una mujer o vivo como una mujer solitaria que se odia a sí misma. No hay forma de ganar. No hay salida. Ya estoy lo suficientemente triste. No necesito que mi vida empeore. La gente dice "esto mejora" pero no es cierto en mi caso. Se vuelve peor. Cada día estoy peor.



Este es el quid de la cuestión, por eso siento ganas de morirme. Lo siento si no es suficiente razón para ti, lo es para mi. Y como mi última voluntad, quiero que el 100% de las cosas que poseo legalmente sean vendidas y el dinero (y tambien mi dinero del banco) sean donados a algun movimiento por los derechos civiles de los trans y a grupos de apoyo. Me importa una mierda a cuál. La única manera de que descanse en paz es que un día la gente transgénero no sea tratada de la forma que yo lo fui, que sean tratados como humanos, con sentimientos válidos y derechos humanos. El género tiene que enseñarse en las escuelas, cuanto antes mejor. Mi muerte tiene que significar algo. Mi muerte tiene que contar en el número de personas transgénero que cometieron suicidio este año. Quiero que alguien mire ese número y piense "esto es jodido" y lo arregle. Arreglad la sociedad. Por favor.


(Leelah) Josh Alcorn




domingo, 28 de diciembre de 2014

-Amores tiernos y horizontales-

-Hay que amar al barrio, a sus vecinas y a su gente.

-¡Si no a ellas! ¿a quién?

-A la policía que ejecuta órdenes judiciales y nos desahucia,
a los jueces que nos condenan día a día por no cumplir sus leyes,
a los políticos que deciden por nosotras, sobre nuestras vidas,
al (anarco)machirulo que nos dice que ponernos,
el mismo que también, a los tíos con pluma, nos escupe por no ser machos,
ama a tu jefe o a la persona que ejerce sobre ti la dominación, el más cercano, el que esté a la vuelta de la esquina de tu barrio, el Dominio está en todas partes, disfrútalo, des-animalízate, converge como buen ciudadano, ¡sé masa! siéntete como una hormiga, como si formases parte de una mega-estructura, olvida tu "YO".

Ama al profesor universitario, también a ex-profes, que ahora, son eurodiputados, dispuestos a salvarnos de todos nuestros males,
al cura que nos dice qué tenemos que pensar e impone una sexualidad encorsetada, no libre, y reglada, por lo que digan pollas-viejas,
a los periodistas que nos dicen qué tiene que importarnos,
a los medios de comunicación al servicio del Poder,
al siquiatra que nos destroza con pastillas,
al médico que nos dice cuán alejados estamos de la "normalidad",
al propietario de cientos de casas que especula con ellas,
al nazi que golpea al "sin-techo" y a las migrantes,
al desconocido que te impone un género(binario) y una sexualidad determinada,
a los supermercados y tiendas de comestibles, que prefieren tirar la comida,
a que las friganas o gente que lo necesita la recicle,
al amigo....de un familiar....que aprovechando su cercanía a ti....te acosó sexualmente.






¿Y vosotras, a quién amáis en vuestro mundo al revés?

viernes, 21 de noviembre de 2014

Jaulas - de Michela Angelini

Original en italiano



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Me llamo Michela Angelini y soy una mujer transgénero, pansexual, antiespecista. Estas pocas palabra bastan para definirme a los ojos de la sociedad. Estas pocas palabras forman la pequeña jaula de diversidad en la que estoy recluida para tranquilizar a aquellxs que tienen la necesidad de saberme encerrada tras un confín de barrotes que me mantienen lejos, distinta, identificable por los que me juzgan mirándome de arriba a abajo. Un confinamiento que trata de impedir que contamine con mi diversidad la buena sociedad que me rodea.

Mi marca en la oreja* habla claro: soy una persona nacida macho y cuando naces macho la única expresión social dada es la de comportarse como "hombre". Me negué a mi destino social, he rechazado las expectativas de aquella estructura fija y rígida que proporciona una clara división de roles y destinos para los hombres - masculinos - sementales y las mujeres - femeninas - yeguas. Abrí la jaula y salí afuera. Yo, según ellos, he emprendido la transición, el viaje, que me llevará de la primera jaula a la segunda. Las reglas son claras. Necesitamos primero un certificado, un documento firmado por un experto en salud mental que, solo después de haber verificado la imposibilidad de vivir en aquella condición particular, que llamamos "hombre", autoriza la salida. El conductor que se encarga de nuestro viaje es un  endocrino, autorizado para suministrar hormonas de feminización que, de mes en mes y de año en año, van a cambiar nuestras características, permitiendo que otros nos vean finalmente por aquello que somos: mujeres. Desde este momento nos llamamos trans, etiqueta asociada al dolor de vivir, a la marginación, a la idea de alguien perverso, a no estar a la altura de aquello que hemos elegido. Trans, es más que eso. Transexual, Es más que el sexo, porque el aspecto exterior, en este punto, no se corresponde con el sexo que determinan los genitales, y esto no está bien si quieres entrar a todos los efectos en aquel grupo llamado "mujeres", grupo que constante y equivocadamente es llamado "féminas". El documento de nacimiento habla claro, hay estampada una "M" y para poder cambiarla a una "F" hay un precio a pagar: mutilar una parte del propio cuerpo, aquella que puede usarse para procrear. Hay que recorrer a los tribunales, porque amputar un órgano sano necesita autorización y, después de la intervención de castración quirúrgica o de reconversión quirúrgica del sexo (incluso se reconstruye algo muy parecido al aparato femenino externo), nuevamente el juez debe certificar el cambio para así poder conceder el nuevo documento. Solo entonces estamos rehabilitadas, aparentemente de la cabeza a la nueva vagina, nadie sospechará más de nuestra transición. Mujeres ex trans, como muchas se definen. Ahora, finalmente, podemos ser felizmente víctimas del sexismo, aceptar un sueldo inferior al que tendríamos si siguiésemos siendo hombres, podemos casarnos con un vestido blanco y hablar de cotilleos sin que nadie pueda decir nada.

Pero a mí esto no me interesa. El cuerpo no es otra cosa que uno de todos los medios de comunicación que tenemos a disposición y que, en mi caso, mandaba a otras personas mensajes distorsionados. Mi expresión de género era totalmente distinta de aquella que quería comunicar. Aprendí cómo retirar los cuerpos de sus pedestales, aquellos cuerpos considerados como símbolo-status, objetos a modelar para escalar en la pirámide social, son para mí solo envoltorios parlantes. También por eso me declaro pansexual, potencialmente atraída por nadie, porque no puedo aceptar que un cuerpo divida quién me puede interesar y quién no.


Por eso rechazo el destino que el sistema me propone, no puede ser el único: la transición no es un viaje anatómico de "macho" a "hembra", es un viaje social. De "hombre" a "mí misma". Vivo como mujer desde hace años y no puedo aceptar que el reconocimiento social de mi género, aquello que es obvio hasta que muestro un documento, deba pasar por el reconocimiento de un juez. Yo me autodetermino porque, como cualquier ser viviente, existo y soy un sujeto, no un objeto.


Soy un sujeto, por lo tanto el punto de vista me puede permitir sentarme y mirar a otrxs que están en frente de los barrotes. Observo y me doy cuenta de que ningún modo estoy sola. Conmigo están otrxs hombres y mujeres: migrantes, gays, lesbianas, padres homosexuales, discapacitadxs, gitanxs, personas no conformes con su género, intersex, asexuales, presxs, poliamor y animales no-humanxs. Animales que han escapado de las rejas y las convenciones, animales liberados de las barreras varias, animales nacidos libres, nómadas. Animales, humanxs y no-humanxs, que continúan impertérritos viviendo en el mismo lugar ocupado por el hombre que, aunque intenta exterminarlos, resisten, generación tras generación.


Veo mi otra transición, la de verdad. Nací opresor pero, para seguir con mi naturaleza, me cambié a oprimida. Perdí retazos de poder pero ahora, como una persona libre, entiendo que los barrotes no me encarcelan y finalmente veo la verdadera jaula: sexismo, machismo, homo/transfobia, racismo, especismo, intolerancia y prejuicio. He cambiado el paradigma, veo el mundo con otros ojos, por eso somos problemas, antisociales, para evitar e insultar, fuera de control, improductivxs, apartadxs, para ser eliminadxs.


Pocos minutos de razonamiento, pero ha llevado años para formarse y reunir el nivel de consciencia actual. Años en los que mi vida ha cambiado totalmente. He trabajado de veterinaria en una clínica para caballos. Estudié veterinaria porque quería hacerme cargo de esos animales que para mí siempre han sido especiales, amigxs. Me preguntaba por qué en el curso se perdía tanto tiempo estudiando el control de la carne, la producción de leche, la planificación y el control de las explotaciones agrícolas, a expensas de la materia propiamente médica. Traté de compensar las inevitables lagunas pasando gran parte de mi tiempo libre cuidando potros y terneros en la faculdad. Algunos de estos terneros habían sido regalados a la facultad porque enfermaron, para después ser devueltos a la granja. Pero pensé que era normal. Potros y terneros que después de ser curados, podrían competir con una silla de montar o estar enganchados a un carro. Curarles me parecía mi deber. Caballos que, para su salud, no deberían haber hecho carreras y caballos que necesitaban una intervención quirúrgica para salvar la vida que nadie quería pagar. Caballos que necesitaban ser sacrificados porque eran demasiado mayores y caballos agonizantes que morían delante de mí porque nadie me autorizaba la eutanasia. Empecé a preguntarme como todo esto podía ser visto como algo normal. Después vi muy claro por qué el curso estaba estructurado así: lo que un médico veterinario debe hacer es asegurarse de la salubridad de los alimentos que el hombre comerá y asegurarse de curar los animales que el hombre posee y quiere curar. El veterinario está a servicio del hombre, no del animal. El animal, palabra que debería significar 'ser dotado de alma', en realidad, es solo un cuerpo, un conjunto de piezas anatómicas unidas solamente por la voluntad del humano que es dueño, propietario, juez de vida o de muerte. El animal para el Estado es solo un cuerpo de producción, de compañía o de deporte. Yo para el estado soy solo un cuerpo, macho o hembra. Los Gobiernos han usado muchas veces el exterminio y el confinamiento de ganado, granjas y especies enteras de animales para proteger la salud del hombre y preservar la calidad de lo que ha decidido comer. Los gobiernos han usado muchas veces el exterminio y el confinamiento para someter a transexuales, migrantes, homosexuales, gitanxs y discapacitadxs. Solo soy un animal humano y de igual a igual no puedo estar de acuerdo con lo que pide un dueño - propietario a costa de la salud de un sujeto animal no humano.

De cualquier forma, casi automáticamente, he transmutado mi experiencia personal de humano deshumanizado a la realidad de desanimalización animal. Nunca podría haber aceptado mi estado si no hubiese primero leído estudios de género e historias de otra realidad, distinta a la nuestra, pero en la que hay personas como yo. Distinta sociedad a la de lxs nativxs americanxs, por ejemplo, con la existencia del "Two Spirit", persona nacida con un sexo concreto pero que tiene el alma de ambos géneros y que, precisamente por este don, tienen un papel relevante dentro de la tribu. Hoy le llamaríaos transgénero o personas sin género establecido. 

Por tanto he entendido y aceptado no hacer otra cosa que seguir mi destino, a pesar de los obstáculos y las reglas humanas de la sociedad moderna. De cualquier modo, leyendo y estudiando he descubierto una amplia gama de sociedades distintas de aquellas que están en cautiverio, de aquellas que siguen las reglas impuestas del hombre, de la que estaba habituada. He descubierto, por ejemplo, la otra finalidad distinta a la finalidad procreativa del sexo. Hasta hoy no he encontrado especie animal que no tenga individuos homosexuales y, como si no fuese suficiente, los bisexuales de las especies son mayores en número respecto a los exclusivamente heterosexuales. Los animales tienen sexo por diversión, los que viven en parejas estables homosexuales pueden adoptar crías, formar amistades y alianzas, construir objetos y refugios, comunicar y tomar decisiones.

La relación entre mi historia y la del sufrimiento animal me ayudó a entender que el sistema de dominio al que todos los seres humanos, más o menos conscientemente, compartimos y participamos y del que todxs, de manera más consciente o menos, somos esclavxs, es lo mismo que oprime con la misma dinámica también, a los animales y la tierra. Solo aceptando ser parte del problema podemos descomponerlo, analizar y reformular el sistema de forma que nos agrade y sea más respetuoso para todxs. 


*Identificativo que se engancha a la oreja de los bovinos.









jueves, 20 de noviembre de 2014

¿El antiespecismo puede dar refugio a la transfobia? Vamos a hablar - Egon Botteghi




A propósito del X Encuentro por la Liberación Animal, fui invitado, el 14 de septiembre de 2014 en Donoratico (Livorno) a tener, como colectivo Anguane, un debate sobre el sexismo en el movimiento animalista.

En aquella ocasión hablé de parte de mi experiencia como persona trans en el "movimiento" italiano, denunciando los graves actos de transfobia en los que he estado involucrado o de los que me ha informado unx compañerx cercanx a mí.

En particular hablé de cómo las personas trans han sido consideradas contrarias al movimiento por parte de algúnx activista, en cuanto consumidorxs de hormonas, y contrarios a la naturaleza y a la causa animal.

Personalmente, por ejemplo, he sido acusado constantemente de querer usar el dinero de los beneficios que se recaudaron para un refugio que co-fundé para operarme, de ser una persona fuera de control por el uso de testosterona, de ser antinatural y víctima-producto del Sistema que tendría que combatir.

Esta guerra psicológica en mi contra, perpetrada entre otra cosas en un momento tan delicado como el inicio de la transición, ha decretado mi retiro forzoso del proyecto que fundé, y que había llevado adelante con trabajo incansable durante años.

En la reunión antes mencionada decidí no decir los nombres de aquellxs que han demostrado claramente transfobia en la palabra y en los actos (aunque afirmando ser antiespecista) ya que faltaba la otra parte (lxs acusadxs de transfobia) y no podía haber un enfrentamiento directo con lxs interesadxs.

Sin embargo, me centré en una frase que todas las personas transexual creo que han debido de hacer frente dentro del "movimiento" antiespecista, y traté de analizarla pieza por pieza:


"Si eres transexual y toma hormonas, entonces no eres un verdadero antiespecista, no estás de parte de los animales, pues financia el sistema y las farmacéuticas y eres ANTINATURAL".

Aporto a continuación un extracto de la frase mencionada:

"Si eres transexual": La casi total mayoría de lxs antiespecistas no saben qué es una persona transexual (en cambio hay una fuerte presencia de transexuales en el movimiento, tanto a nivel nacional como internacional, y esto, veremos por qué, no es un caso aislado) y cuando se explica se debe entender que no es una elección. No se elige ser transexual como elijo que vestido ponerme o qué comer, es una condición que surge muy probablemente de nacimiento (la ciencia médica está todavía en la búsqueda de explicaciones), de lo que se puede tomar consciencia en los diferentes momentos de la vida y con quién debes hacer antes o después cuentas. No es una posición fácil o privilegiada en la sociedad, eso es indudable.

Por lo tanto "si eres transexual y usas hormonas", ¡lo haces porque no hay elección!

No hay elección porque una de las condiciones primarias para la supervivencia es el reconocimiento de lo que se es.

Por lo tanto, en una sociedad como la nuestra donde la mujer es aquella que tiene vagina y tetas y el hombre aquello con pene y pelos, una persona que nace con una identidad masculina en un cuerpo femenino, tiene la necesidad de modificar su propio cuerpo para poder ser reconocido y sobrevivir.


El no-reconocimiento conlleva una vida de infierno que puede acabar en suicidio.

Como sostiene Michela Angelini, médica veterinaria transgénero y vegana, activista LGBTQI, "La transexualidad es una cuestión social".


Por lo que no se puede culpabilizar a las persona transexuales si aceptan la única solución efectiva al momento, en el desarrollo de nuestra sociedad, para permanecer con vida, contando después que muchxs transexuales, una vez que hicieron el camino de transición, hablaron y actuaron en contra de la sociedad binaria y sexista, que divide le cuerpo y la vida de mujeres y hombres de manera casi opuesta.


Y un día viviremos en una sociedad que reconocerá las variantes al ser hombre-pene o mujer-vagina y las respetará por el hecho de "ser", una sociedad donde una persona no conforme con su género podrá elegir vivir tranquilamente, lo debemos también a las personas transexuales que hoy trabajan para sobrevivir pero que continúan luchando para divulgar la conciencia y práctica de la liberación de los cuerpos.


Las mismas personas que señalan a lxs transexuales como traidores de la causa y alimento del Sistema, cuando enferma y necesitan medicinas, bajo el riesgo de debilitamiento grave, las compran, porque no tienen alternativa válida.


No podemos decir a una persona transexual que viva tranquilamente en su cuerpo no conforme a la identidad y pretender un falso respeto por la identidad percibida, porque la sociedad que podría apoyar esto, todavía no existe. Debe ser construida ahora, y no se puede construir de lxs muertxs. Si voy por ahí depilada y con tetas, seré siempre considerada una mujer, teniendo también un documento que habla por mí y con todo lo que puede llegar a ser incompatible con la vida que querría, claramente.


Las mismas personas que me animaban, en la feliz isla en la que creí vivir, a considerarme un hombre con el cuerpo de mujer, me han demostrado que no han podido verme como tal.


No se puede tampoco pasar por alto que una persona transexual, vegana y antiespecista, no tome "a la ligera" tomar hormonas del sexo opuesto. Estas persona a menudo pasan años de cuestionar, interrogarse, estudiar, explorar y también sufrir, en el intento de entender cómo calmar el propio sufrimiento con las propias exigencias éticas. Todo aquello que necesita saber sobre cómo son los productos, de quién y cuáles son los fines de los fármacos que toma ya lo sabe, y tal vez también buscó alternativas más "naturales", pero que no funcionaron. ¡No vendrá el enésimo antiespecista recto y justo a revelarle la verdad!


"¡Eres anti natural!":


Demasiado a menudo, por desgracia, muchxs antiespecistas se olvidan o ignoran por completo, como la Naturaleza ha sido la mayor aliada de las mayores opresiones e injusta distribución del Poder. La personificación de la Naturaleza poderosa y siempre buena y perfecta, el retorno al estado al que todxs aspiramos, ha sustituido durante muchos años a Dios en la regulación de la escala de valores de lxs vivxs. Lxs negrxs eran por naturaleza inferiores a lxs blancxs, así como las mujeres a los hombres, así como, por Naturaleza, no debería de existir la homosexualidad y el sexo fuera de la función procreativa.


En resumen, la Naturaleza es siempre el espejo de los deseos de aquello que era más conveniente a la estructura del Poder. Citando a Franz de Waal: "Como los ilusionistas, primero meten sus prejuicios ideológicos en la chistera de la naturaleza, y luego se los sacan de la oreja, mostrando así como la naturaleza está de acuerdo con ellos". (La edad de la empatía).


Esta ideología es perpetuada por algúnx antiespecisa por pura ignorancia, y esto es un hecho grave en un movimiento que se supone radical.


La transexualidad, sin embargo, existe en la naturaleza. Existe en muchos animales, que cambian su propio sexo durante la vida, y siempre ha existido en el ser humano. El hecho de que desde los años 50' del siglo pasado, en occidente, el transexual ha sido identificado como un individuo que cambia de sexo con la ayuda de la medicina, es una cuestión intrínseca a nuestra sociedad. Esta no es la cuestión del huevo y de la gallina, pero la respuesta es clara: Primero fueron las personas transexuales y después las técnicas de la medicina occidental que ha decidido "curarles" de una forma determinada. Como he mencionado, la persona transexual no elige ser tal. No lo hace porque es una persona particularmente exuberante, o confundida o buscando emociones fuertes y nuevas, y no es una desviada de la tecnología médica o distorsiones del sistema.




Después del encuentro, decidí publicar mi contribución al debate en la web de Intersexioni (aquí en italiano).




Algunas reacciones a la publicación de este texto creo que son emblemáticas de aquello de lo que queríamos discutir ahora y de lo que estamos tratando de describir aquí.


El primer comentario que llegó, sobre la página de Fb de la asociación catanesa LiberAction que lo había compartido, es el siguiente:


"¿Se trataría de un nuevo tipo de proceder? ¿Cuándo se ha pasado de la presunción de inocencia a tener que demostrar la propia inocencia de las acusaciones de lxs demás? Francamente este artículo me parece fastidioso e instrumentalizado. Si cualquiera que se denomine antiespecista ha hecho declaraciones equivocadas, no significa que todo el movimiento piense lo mismo. Es un modo de proceder peligroso e inútil, o mejor dicho, es útil solo a quien quiera publicitarse. Que no se hagan acusaciones al azar, si hay casos serios basta con decir los nombres, de lo contrario es mejor callarse."


Cabe decir que este comentario fue escrito por una persona que tiene sus seguidores dentro del "movimiento" y que incluso escribió un Manifiesto del antiespecismo.



Como se puede ver, están en marcha todos los mecanismos que funcionan en todos los sistema opresivos, donde se niega el hecho y a la víctima se la acusa de ser un/a fanfarrón/a que busca tener popularidad, tal como sucede con las víctimas de las violaciones.


La víctima, sola, debe mantener toda la carga del testimonio, moviéndose en un ambiente hostil, que la margina y trata de silenciar. La terrible sensación que no quieres creer, de que estás en una situación de desventaja y debilidad respecto a tu agresor y que tu voz no tendrá el mismo peso, es bien conocida por todxs aquellxs que han pasado por una experiencia de este tipo, y a menudo, por tratar de sufrir menos, se intenta olvidar y se trata de alejarse todo lo posible del ambiente donde la agresión se perpetró.

La respuesta a mi réplica:


"El silencio ayuda siempre al opresor y nunca al oprimido. Así que hay cosas que hay que decir...aunque genere cansancio y miedo... peligroso no es decir cierta cosa, peligroso es permanecer en silencio".


Es esta:


"Es verdad que callare es peligroso, pero también hablar en un intento de eliminar problemas que incluso no existen."


La clara negación de un problema que no se acepta discutir, el ataque injustificado y denigrante hacia una persona que te está contando algo que ha vivido de primera mano, el intento de revertir los papeles de "víctima" y "agresor" no podría ser más explícito, como justamente escribe otro usuario, sobre esta afirmación:


"... una argumentación inteligente y documentada. Sostener que no se demuestra nada y la banalización de quien deliberadamente ignora a la otra persona".


Ignorar deliberadamente no puede ser un simple caso individual: ¿Qué hay de malo en hablar de algunos episodios de transfobia en el "movimiento" antiespecista italiano? ¿Tal vez el temor a descubrir que son menos bellxs, purxs, buenxs, aquellxs en lxs que nos gusta creer y llevarnos bien independientemente de la lucha por la liberación y salir del solipsismo animalista?


Como dice Annalisa Zabonati: "El antiespecismo se autoproclama el movimiento más radical respecto a todos los otros, colocándose en una posición de supuesto saber sobre la distintas formas de opresión y de dominio... La tolerancia manifestada (respeto a las personas LGBTQI) es una tapadera, muy a menudo, de un profundo malestar por la falta de conocimiento de los asuntos derivados de la lucha de reivindicación feminista y LGTBI." (http://anguane.noblogs.org/?p=2481)



Otra repuesta típica es aquella de lxs que insisten en ver estos típicos problemas como redencillas personales entre dos o más individuos, y que piensan que es mejor girar la cabeza hacia otro lado y actuar según simpatías o conveniencia, imitando un poco al resto.


Siguiendo con la idea de que estos hechos son problemas personales en los que unx se ha visto envueltx, en los que no se debe tomar parte, es no querer entender que no se trata de coger el caso aislado e iniciar un juicio a la persona, sino pensar sobre estas dinámicas reales y presentes para hacer luego una autocrítica y dar impulso al "movimiento", haciendo por ejemplo una reflexión muy seria sobre los privilegios.


Luego está la respuesta de lxs que no ven un problema en sí, porque una organización antiespecista debe ocuparse de la liberación de los animales y no se pone en duda esta afirmación ni las actitudes transfobas de lxs propixs componentes de la organización, porque como se ha dicho, "está fuera de la misión".

Lo que puede ser cierto, es que contribuye a aclarar qué se entiende por 'antiespecismo' y admitir que puede existir también un antiespecismo de derechas.



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Este artículo fue publicado el 14/11/2014 en el blog del colectivo anarco-queer ecovegano feminista de Italia Anguane y traducido dos días después en este blog. Lo publico ahora porque tenía que revisar y ver si lo incluía en un zine que espero sacar pronto.

Está publicado también en el blog https://vozcomoarma.noblogs.org/ ya que es quien me hizo llegar este artículo para traducirlo, y será publicado en el 4º número del zine Besos y Bombas.

















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