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jueves, 7 de enero de 2016

El día que las AnarcoChonis nos devolvieron la ilusión


Hasta hace unos días sentía que los feminismos que me rodean se habían convertido en una suerte de pelea digital vanguardista de términos academicistas y egos construidos sobre una colección de opresiones HazteConTodosPokemon, que lo siento tías, pero yo no entiendo. Y mi abuela tampoco.

Cuando ya tenía el monóculo colocado, llaga lo anarcoChoni y de un tortazo te devuelve a tu cuerpo, a tu vida y a tu historia. Te escupe a la cara lo que eres y de donde vienes, te coloca en el lugar desde el que comienza tu lucha. Y joder hermanas, que gusto ver lo que pintáis por las calles y como os hacéis presentes en nuestra lucha.

La choni es una identidad social, económica y política. Somos las chavs de esos libros de ciencias políticas que lees pero de los barrios a los que no quieres ni acercarte. Somos a las que desprecias y a las que temes, de las que te ríes y a las que nunca querrías sentar a la mesa en una de esas comidas familiares.

Las chonis somos las hijas maleducadas de la clase proletaria de la periferia.

Las chonis de mi barrio íbamos todas en manada, nos guardábamos los porros en el forro del sujetador y robábamos el botellón en el Carrefour de la avenida. Éramos capaces de sostener la etiqueta de puta o de guarra con orgullo porque nuestra sexualidad, grosera y desvergonzada, era señalada con envidia. Nos hermanábamos con las gitanas, con las rumanas, con las latinas, con las marikas y con todas aquellas que se pintaran de negro el rabillo que Amy Winehouse paseó con arrogancia por cada escenario. Nos colábamos en las discotecas pijas y competíamos por ver quien se enrollaba con más tíos o robaba más copas o más carteras que luego compartíamos de forma descarada. Éramos una tribu de deslenguadas y gozamos de toda aquella adolescencia chabacana de pantalones de campana, leopardo y camisetas escotadas del Berska que se quedaban con un pequeño roto en la parte de la nuca al arrancarles el pita. Nos partíamos la cara si tocaban a una de las nuestras.

Luego supongo que crecimos. Moderamos nuestras vidas para llegar a la universidad o conseguir uno de esos curros de mierda que te pagan la supervivencia a final de mes. Se nos olvidó lo que fuimos.

Recordar esto con cariño y rabia ha sido un nuevo despertar dentro de un recorrido que a veces se vuelve aburrido y correcto. Que placer da ver que habéis vuelto.

domingo, 4 de enero de 2015

Las/os mercheras/os, el lumpen, y los medios.

El otro día, ante mi asombro, oí sin querer al fondo de una sala, que desde una televisión una voz espetaba con virulencia rimbombante sin cesar:

-"Heroína merchera", "Narco merchero", "Terror", "Droga", "Muertos", "Tiroteo", "Clan merchero", "Peligroso", "Caza", "Por todo Salamanca", "Polvorín", "Delincuentes mercheros" ...

Me acerqué a la televisión y escuché con detenimiento y cierta curiosidad. Lo que me suponía...por los altavoces, a parte de lo antes mencionado, una música ambiental tenebrosa que te hacía ponerte en alerta, alimentando tus instintos defensivos y por la pantalla de la televisión, se podía ver un cementerio: creando un ambiente de pavor en ti.  Se emitía un "Reportaje de investigación", el cual, no enlazaré por su notorio racismo o mejor dicho: etnicismo hacia las/os mercheras/os. Lo de siempre, lo que todas las personas con cierto criterio crítico sabemos: la prensa vocera, instrumento del poder y de las gentes de orden, haciendo muy bien su labor, en éste caso, crear mediante un "reportaje" sensacionalista, espectacular y morboso, el enemigo interno necesario para mantener su "statu quo", crear en el imaginario colectivo la sensación de que ellos son el bien y necesarios para defendernos del mal, de los malos, de los delincuentes, los que viven al margen y no acatan sus leyes, las que no pueden ser asimiladas(ni quieren serlo) por el sistema, las "clases bajas" o "desclasadas". Lo marginal y lo que surje de esa marginalidad social, siempre el enemigo número uno del poder imperante: el punto de mira en las consecuencias de las desigualdades sociales y no en los creadores de éstas: el poder y afan de dominación de todo del Estado y el capitalismo. Odiar a la débil y amar al poderoso. Se puede expresar de mil maneras, el objetivo y proceso de "cirugía social" es el mismo: que todo siga igual, que su sistema se perpetúe eternamente en el tiempo y en el espacio, que existan "dos mundos", las de abajo y los de arriba, extirpar e higienizar aquello que molesta.
  
Ante tamaña sarta de disparates, no me contuve, y en la sala exclamé con cierta ira:

-¡¡¡Pero qué basura es esta!!! lo de siempre, el máximo enemigo siempre el lumpen, la persona que recurre al delito para sobrevivir. 

Alguien de la sala se dirigió a mi y me dijo:

-Si venden droga, venden droga, son unos delincuentes los mercheros.....¡tranquilita! 

No tenía ganas de un enzarcé dialéctico, sabía que no iba a servir de nada, podría haberle dicho que cierto jefe payo de la policía anti-narcóticos de Murcia había sido detenido por temas relacionados(hay secreto de sumario) con el tráfico de drogas hace no mucho. ¿Irónico?, suena irónico sí, pero es la realidad de la policía en todos los días y que todas sufrimos: corrupción, impunidad y violencia policial generalizada. O que no se pueden dar lecciones de quién es violenta y quién ejerce el miedo en los barrios, desde donde lo hacen los policías(su papel de ejercer el monopolio de la violencia, otorgado éste por el Estado) pues, más de 83.000 policías nacionales patrullan las calles y barrios, armados con pistolas(una de las Fuerzas del Orden del Estado, hay más cuerpos policiales-militares de diferente nombre, pero mismo objetivo: control social), miles y miles de garantes de un orden determinado. El fondo del asunto es que la policía mafiosa, no quiere que otros "mafiosos" le fastidien su negocio, no quieren competencia. No lo puede resumir mejor la Secta Nihilista: "No hay policías buenos y policías malos, todo aquel que utilice su poder y autoridad para diezmar tu libertad es un enemigo." 




Nunca veremos desde los medios de comunicación(del poder) bombardearnos con noticias de sucesos en que el titular sea: "Unos payos violaron a otra paya", "La droga paya invade los barrios de Madrid", "Un payo asesinó a su mujer"....etc, no existe el Payo Today, lo que existe es poner el foco en que las "minorias"(gitanas, latinas...) son peligrosas y no se adaptan, poniendo en peligro la "Paz Social", un racismo post-moderno que ya no tiene el discurso contundente de "que existen razas inferiores y que hay que exterminarlas", ahora su discurso más "progre" y más politicamente correcto con los tiempos "nuevos" que corren y ahora dicen "no se adaptan, son ellos los racistas..", normalmente se dice en un tono, maneras y discurso que intenta ser lo más sibilino posible, pero a veces se escapa por sus fauces lo que verdaderamente piensan, el "Reportaje" del que hablo en esta entrada es un claro ejemplo de eso: rebosa etnicismo por todos los costados.  Los medios de comunicación son propiedad de payos blancos, jamás tirarían piedras a su propio tejado, jamás harán un análisis y auto-crítica de por qué hay gente que requiere del uso del delito como forma de vida: el racismo y/o etnicismo contra las minorias es constante desde las élites y desde posturas autoritarias varias.




Desde las/os salvajes de Paris: las/os Apaches, pasando por los quinquis de los ochenta, o las bandas latinas en los noventa...siempre, sin variación, se ha señalado desde los que obstentan el poder como enemigos públicos al "lumpen", cambiando, eso sí, sus rasgos determinados y elementos concretos de ese grupo social. Al poder le gustaría enviar a una "Guayana Francesa" en donde poder torturar, anular y liquidar, a toda persona que no quiera ni ser asimilada ni ser domesticada por su sistema, a todas las personas que le estorban, el cual es un creador de desigualdades sociales. Nunca lo han conseguido, y seguramente no lo hagan jamás, pues siempre han florecido desde los barrios más marginales respuestas incorformistas, violentas y salvajes contra un sistema de dominación que intenta controlar a todos los niveles cuerpos y barrios para que no estalle una revuelta que ponga fin al reino del terror de los ricos. "Las navajas siempre volverán a afilarse" mientras no haya paz y estemos en guerra social.







Ésta vez, un medio ha puesto su mira telescópica apuntando a las/os mercheras/os, asociándolos a: droga, violencia, delito, terror...y un sinfín de conceptos negativos. Enésima vez que mediáticamente nos dicen que nuestro enemigo es el lumpen. Nada positivo, de ellas, las mercheras, se comenta en el "reportaje".

No nombrarán en ese "Reportaje" a Eleuterio Sánchez Rodríguez, más conocido como el Lute, un merchero con bastante estima social, que en el documental: "Eleuterio, merchero, culto y libre",  el mismo explica su vida y da algunas pinceladas de lo que es "lo merchero", ni tampoco dirán que: 

" Las/os mercheras/os son un grupo social del Estado español, que es tradicionalmente nómada y de costumbres en muchos aspectos similares a las de las/os gitanas/os aunque no compartan su origen étnico. Se les llama también quinquis, de "quincalleros" o vendedores de quincalla (cosas de metal barato), palabra que ha pasado a la lengua común como sinónimo de delincuente o de persona de mal aspecto, razón por la cual ellas/os la consideran despectiva.

No se sabe mucho sobre el origen de las/os mercheras/os. Su existencia parece estar documentada desde el siglo XVII, razón por la cual se ha pensado que en origen podrían ser moriscos retornados a España clandestinamente tras la expulsión en 1610 que se dedicaron al nomadismo para evitar ser reconocidos y perseguidos. Otras hipótesis afirman que proceden de Europa central, o bien que en origen fueron campesinas/os asentadas/os en la península ibérica y que cambiaron de actividad por cuestiones de supervivencia. También se dice que son el producto del mestizaje entre gitanos y latinos. Por último, se apunta a que son producto de una mezcla de todo lo anterior.

Han compartido durante siglos las actividades y modos de vida de las/os gitanas/os: nomadismo, venta ambulante y chabolismo, razón por la cual los casos de mestizaje no tendrían nada de extraño. Las/os mercheras/as, sin embargo, no se consideran gitanas/os ni payas/os y han tenido un elevado índice de endogamia.

Su territorio de transhumancia era sobre todo la mitad norte de España, desde Galicia al norte de Extremadura. Tenían un habla propia, se cree que un castellano con rasgos arcaicos y palabras tomadas del caló y la germanía (no obstante, esto no está en absoluto claro: en la enciclopedia de lenguas del mundo de Ethnologue el "quinqui" es considerado como lengua "sin clasificar", es decir, sin parentesco conocido con ninguna otra lengua. Los préstamos sólo demuestran que hay/hubo contacto con las lenguas citadas).

Fueron forzadas/os a sedentarizarse en la década de 1950, y como las/os gitanas/os, formaron barrios de chabolas en la periferia de las grandes ciudades. Desde entonces la identidad merchera, al contrario que la gitana, se va diluyendo en la de la sociedad. La comunidad actual de mercheras/os más importantes se encuentran en Valencia,Bilbao, Madrid y Barcelona. En total, las/os mercheras/os son hoy alrededor de 150.000 personas. Como las/os gitanas/os, muchas/os mercheras/ se han convertido desde la década de 1970 a distintos cultos cristianos evangélicos.
El merchero más célebre es Eleuterio Sánchez, alias El Lute, al que las autoridades presentaban en la década de 1960 como enemigo público número uno y que hoy es abogado. De Eleuterio Sánchez proceden algunas de las escasas informaciones existentes sobre las/os mercheras/os y su modo de vida"



Nunca en los medios del poder se dará la voz a las sin voz, a las marginadas, explicando su visión de su realidad. Siempre tendrán voz los defensores(policias, políticos, empresarios....) de La  Realidad, la única, la Verdadera, jamás saldrá en un medio una merchera diciendo cosas como esta:



(azu-merchera, lo copio tal cual lo ví aquí, no es La Realidad merchera, es la visión de la realidad de una merchera, aquí otra visión de lo que es el mundo merchero)

"los mercheros somos personas normales que por desgracia lo han pasado muy mal en la vida sobre todo durante el franquismo,fueron tratados como escoria y discrimindos por eso yo pienso que ellos valoran tanto la familia y es tan importante la union familiar para todos,son persona que viven por y para sus hijos,si son mercheros como dios manda,seran personas trabajadoras y leales a sus costumbres,son costumbres con unos valores un poco machistas pero que a su vez dan su lugar a las mujeres siendo estas las administradoras del sustento que aporta el marido por regla general,pero gracias a la igualdad quepoco a poco tambien va afectando a los mercheros,las mujeres estamos mas integradas en la vida laboral y en los estudios,aunque supreocupacion principal es la familia,como se inculca desde pequeñas,como sus leyes dictan y es una de la mas importante es la honra de sus mujeres,como tradicion las mozas se casan virgenes dandose a respetar asta la noche de bodas,siendole fiel a su marido,no por eso significa que las mujeres sean de su propiedad,tienen que respetarla y cuidarla.Tambien el orgullo de un padre es la honra de sus hijas y que sus hijos sean hombres por derecho.Las mujeres mercheras deciden con quien se quieren casar y cuando,no teniendo edad reglamentaria,la manera de casarse,en un principio se escapan con el novio pasando fuera de casa unos dias a solas,luegoregresan a casa y se van a vivir con el novio que apartir de ahora ya es su marido y viven como ello,luego cada cual se casa opor la iglesia o por e juzgado,porque los mercheros son de religion cristiana,suelen ser crellentes pero no practicantes,realizamos el bautismo,algunos la comunion y otros la boda.sobre los gustos de los mercheros suelen ser en general,la musica flamenca,a los mas mallores lel flamenco jondo,a los mas jobenes la rumba aunque hoy la musica es muy variada y aunque la rumba es la principal ya hay gustos diferentes,otro jobi es el campo irse a pasar unos dias al rio con una buena chosca,asar y los hombres irse de caza con los perros,las mujeres hacer un buen cafe en la lumbre,para cuando llegen los hombres.Las mujeres cuidan de los niños,y son las encargadas de mantener limpia la casa, la ropa y de tener en orden todo.los hombres son los encargados de traer el jando a casa para diñar de jalar a los niños.Los mercheros trabajan en dibersos trabajos,tapiceros,vendedores ambulantes,afiladores,por eso tienen que ir de aqui para ya,a diferentes ciudades,de aqui la palabra merchero,que sale de marchantes,cada vez se realizan menos porque ya nadie quiere desplazarse y se quedan a vivir en un sitio fijo,hoy en dia se trabaja en lo que se puede peones,jardineros,como cualquier otra persona.la forma de pensar de los hombres mercheros es un tanto machista,en general son hombre con genio que nole niegan la cara a nadie,que defiende lo que es suyo y no deja que nadie falte a sus mujeres,defienden con puños y dientes su honra y la de su casa,nole gustan los chibatos,tampoco son abusones no le gustan los abusos,suelen ayudar a todo aquel que lo necesite,suelen tener broca si alguien los trata de malqueda porque un merchero formal si da su palabra la tiene que cumplir.
A mí eso de "latinos" no me parece correcto, porque no somos más latinos los payos que los mercheros o los gitanos. Nuestro idioma sí es latino, pero igual que el de ellos, pues todos hablamos castellano. Nuestra raza, en cambio, no es latina; lo será en Italia, pero no aquí, donde las razas celtíberas forman el sustrato principal. No creo que se pueda de ninguna manera denominar "latinos" a los habitantes de España. Si no aceptamos usar "payos" por sus connotaciones despectivas, digamos "no gitanos" y arreglado."




Ya a modo de conclusión(quién sabe si trataré este tema en otras entradas), decir que no soy merchera, no conozco mucho del mundo merchero, tan solo entre mis redes de amistad conozco a una amiga que tiene un padre merchero y tampoco hemos hablado del tema merchero mucho. Lo poco que sé, es de bucear por la escasa información que por internet se puede encontrar de las mercheras, por ejemplo en: "EL RINCÓN DE LOS MERCHEROS – Un lugar para mercheros y amigos". Donde una mujer merchera,Remedios G.G, nos cuenta como entiende ella lo que es ser merchera desde su experiencia vital como merchera. No hace falta decir que si alguna merchera lee esto me agradaría que comentase su experiencia, aportara algo o crítique ésta entrada.



Amor para las mercheras, amor por las de abajo, amor por el barrio y sus gentes.





¡Somos la chusma, la plaga, las salvajes, las casseurs que lo queman todo, estamos en todas partes, propagamos la llama de la revuelta!











"Hay que aliarse con el mundo de las aventureras y delincuentes que en Rusia son las verdaderas y únicas revolucionarias"
El Catecismo Revolucionario. El Libro Maldito de la Anarquía. Bakunin y Nechayev


Sin más, salud y anarquía.


miércoles, 31 de diciembre de 2014

"No necesitas ladrillos para hacer una cárcel"

Beyond Amnesty* es un texto único que disecciona la dura realidad de la autolesión y el absoluto deterioro de la salud mental de los habitantes de los países capitalistas occidentales. Una oportunidad para romper tabúes, una lectura que perturba y obliga a pensar…
Avisamos a la lectora: posiblemente te duela lo que leas, es el precio a pagar cuando no se quiere mirar a otro lado y hacer como si no pasara nada.





···

Me parece que casi no existe la necesidad de «desaparecer» personas, torturarlas, someter directamente a la población a aquellos que la controlan. Hemos sido entrenadxs para hacerlo nosotrxs mismxs.


 
“Si unx no sabe cómo hablar es porque unx no sabe qué decir y viceversa. Y unx no sabe cómo hablar y qué decir porque todo ha sido banalizado, reducido a mero símbolo, a apariencia. El significado, que ha sido considerado una de las grandes fuentes para la revuelta, una forma de energía radiante, ha sido erosionado. Lo han roto, molido y pulverizado… ¿Qué dice unx? ¿Qué hace unx en medio de un desierto? Despojadx de palabras para expresar la rabia por el sufrimiento que se ha vivido, despojadx de esperanza para superar la angustia emocional que devasta la existencia diaria, despojadx de deseos con los cuales luchar contra la razón institucional, despojado de sueños hacia los cuales dirigirse para barrer la repetición de lo existente, muchos sujetos se barbarizan en la acción. Una vez que la lengua se paraliza, las manos tiemblan por hallar alivio a la frustración. Inhibido de manifestarse, el impulso hacia la alegría de vivir se trastoca, transformándose en su opuesto, el instinto de muerte. La violencia explota y, al carecer de significado, se manifiesta de una manera ciega y furiosa, contra todo y contra todos, trastocando cualquier relación social. Donde no hay una guerra civil, están las piedras que se lanzan desde los puentes a las autopistas o los asesinatos de padres, amigxs o vecinxs.”
Crissus & Odosseus. Barbarians: Disordered Insurgence


A veces me pillo riendo… y el sonido de la alegría en el espacio muerto y amurallado que es el mundo civilizado queda atrapado en mi garganta.
Será provocador o polémico decir que hay veces en que quisiera tener un enemigo visible. Que mi alma anhela ser una guerrillera, una insurgente, vivir una insurrección. Y, con ello, que también acepto que mis amigos o yo podríamos resultar heridos, encarcelados o muertos en la batalla, pero que lo haremos con una alegría de líneas claramente marcadas y la sensación de que algo mejor que esto pueda llegar. Mi cuerpo desea luchar y liberarse. Moverse. Escalar. Bailar. Hacer el amor. Atravesar e ir más allá. Correr. Destrozar.
Quiero vivir entre gente que es consciente de que vivimos en guerra. Una guerra contra la vida. Contra el espíritu. Quiero vivir entre gente que no se mire a las manos ni evite tu mirada cuando hables de lucha o insurrección porque, en el fondo, saben que han claudicado, y porque -tal vez, sólo tal vez- nunca han odiado realmente el sistema. Entre personas que no hayan sido compradas. Que no comieron las pastillas que les ofrecían porque preferían luchar con su sensación de angustia patologizada que vivir en la zona muerta. Que no fingen estar luchando cuando es obvio que lo que están haciendo es convertir un campo de batalla en un jardín. Quiero estar en un lugar en donde la guerra sea admisible.

Me encuentro con alguien a quien no había visto en 5 años. Hablamos sobre gente que conocemos y gente que no – cómo les va, qué hacen. Muchxs de ellxs están quebradxs. Deprimidxs, perdidxs, al borde. Algunxs se han suicidado. Otrxs se han asentado y están satisfechos, entablando un compromiso emocional con el sistema porque, como un amigo escribió, si fuera fácil no lo llamarían lucha, y algunas veces te cansas demasiado de luchar contra el fantasma.
No necesitas una pistola para matar a alguien.
No necesitas ladrillos para hacer una cárcel.
Quiero un enemigo que no sea yo, que no sea los enemigos en que convierto mis relaciones. Quiero que mi sensación de tensión y belicosidad – mi sensación política y emocional de estar sitiada, de estar bajo ocupación – se refleje en el exterior. Alguien dijo una vez que ir a Palestina era un alivio porque, de repente, la realidad exterior iba a la par con su experiencia emocional cotidiana en el Reino Unido (RU): una situación de crisis. Y yo también siento esto. En disturbios, en grupos, en acciones. En donde vivo, el enemigo es tan grande que engloba todo, incluso a mí misma. No hay esperanza más allá de esta realidad. Después de todo, éste es un lugar a donde la gente viene buscando asilo. Sigue siendo una tierra prometida en donde las calles están pavimentadas con oro. ¿Cómo se pelea contra eso? No hay ningún dentro o fuera del sistema. Y parece que no hay salida.

Uno de los sucesos más conmovedores para mí en los últimos años fueron los disturbios de París – o al menos las noticias que leí sobre ellos. Un joven describía su rabia, su grito de rechazo. Muchos no podían entender sus acciones – había quemado los coches de sus amigos, había destrozado el lugar en el que vivía. ¿Estaba confuso? No lo creo. Para él no había futuro, ni ninguna esperanza de cambio, así que destrozó lo que odiaba. Su vida. Al igual que los suicidios y autolesiones “sin sentido” que tienen lugar cada minuto en el RU y el resto del mundo, fue un acto de rabia, desafío y tristeza. Fue un intento de ser efectivo, aunque el acto en sí mismo pueda parecer inútil y caótico.
Algunas veces lo único que nos queda es chillar con la esperanza de que algo se haga añicos.

Estoy intentando entender la política de la violencia autoinfligida en el RU y, como siempre, mi escritura es un pensamiento extendido, una idea, una perspectiva, una intuición, un trabajo en curso y, por supuesto, está basado en mi propia experiencia y posición dentro de la vida y la sociedad. Algunas veces, cuando estoy mejor, me siento muy lejos de las ideas que aquí exploro. Y entonces vuelvo a tropezar, mi habilidad para levantarme decae y vuelvo a estar en el más oscuro de los lugares; es allí donde nació este texto, y es allí donde vuelve a tener sentido. Así que toma de él lo que quieras en donde sea que te encuentres.

Lo que originalmente me inspiró a escribir fue sospechar que la idea de que somos unos privilegiados por vivir en un estado capitalista avanzado como el RU persiste incluso entre aquellos que consideran que tienen una postura política radical, o sea, anticapitalista y/o antiestado. Esto se revela en los comentarios más casuales, por la insistencia de alguna gente, cuando hablamos acerca de salud mental y de la vida en el RU, en que no puedo comparar el vivir aquí con vivir en el Tercer Mundo o en un país en desarrollo. Hay indignación. Hay una cierta postura… defensiva. ¿Cómo me atrevo siquiera a comparar estas cosas? Y también me siento un poco incómoda con lo que estoy escribiendo porque, aunque no estoy intentando entablar una comparación, la propaganda del privilegio también ha echado raíces en mí. Claro está, puedes tener un puesto privilegiado dentro del marco de referencia de un sistema particular – por ejemplo, ser un hombre blanco con dinero es muy distinto a ser un hombre negro y pobre en una sociedad capitalista. Pero esto es distinto a pensar que de todos los posibles sistemas sociales, políticos, espirituales, emocionales y económicos de los seres humanos, nosotros en el RU hemos creado el sistema en el cual somos capaces de alcanzar nuestro potencial humano y satisfacer nuestras necesidades y deseos.
No quiero hacer ninguna comparación de experiencias, ni infravalorar los horrores, la pobreza, y la lucha de la gente en otros países…, tampoco glorificarlas. Está claro que hay gente de otros países que arriesga su vida para llegar aquí y, algunas veces, encuentra refugio de otros sistemas políticos y una mejor calidad de vida y salud. Sin embargo, creo que es posible y vital señalar el impacto que tiene sobre nuestra humanidad, libertad y salud el vivir en una sociedad capitalista, tecnológicamente avanzada y de alta-vigilancia, e intentar desafiar cualquier noción de privilegio, sin entrar en una competencia entre mundos, entre experiencias en diferentes escenarios del capitalismo global.
Si no lo hacemos, la gente de aquí siempre luchará por “la otra/el otro”, debilitando la resistencia genuina, haciendo que las expresiones de solidaridad escondan un sentido taimado de “qué suerte tenemos”, de paternalismo, y se vuelvan una excusa para no impulsar la lucha de aquí. Hay cientos de personas en una noche de solidaridad con luchas latinoamericanas, pero sólo veinte en un evento de apoyo a presos encarcelados como consecuencia de luchas en Occidente.

Creo que la poca salud mental de una gran parte de lxs británicxs desmiente cualquier idea de que exista un buen sitio para estar en el capitalismo. Los problemas de salud mental son pandémicos, pero yo sólo sé cómo es crecer y vivir aquí, así que éste es el lugar que analizaré. La depresión es una de las principales causas de muerte en Occidente. Donde yo vivía, en el noreste de Leeds, de una población de 170.000 personas, aproximadamente el 25% sufre o ha sufrido en algún momento (es decir, ha buscado ayuda) problemas de salud mental. Son muchxs.


La primera cosa que quiero hacer al despertar es destruir las paredes…
…la segunda es destruirme a mí misma.

Al lado de mi cama hay un gráfico colgado en la pared. Muestra cuántos pacientes han sido atendidos en el departamento de urgencias de este hospital en los últimos 6 meses y la razón por la que fueron ingresados. Sólo en este hospital de urgencias casi 1600 personas llegaron tras haberse autolesionado.

Cientos de miles de personas se autolesionan cada año en el RU y se estima que alguien se quita la vida en esta isla cada 82 minutos. El despotismo de los modelos biomédico, farmacológico y psicoterapéutico de salud mental continuará intentando persuadirnos de que el problema está dentro de nosotros, como individuos, como organismos desajustados que están fallando. Puedo estar de acuerdo con esto, en cuanto a que nuestras condiciones existenciales tienen un efecto devastador en nuestra salud física y mental: nutrición pobre, ambientes estresantes, relaciones inestables, polución (aire, luz, material y ruido), agresiones generalizadas, soledad, trabajo y tecnología omnipresente; todo esto dificulta, a mi parecer, extraordinariamente, nuestra capacidad para crear y mantener una buena salud, un buen cerebro, unas buenas relaciones sociales y un buen humor. Pero, por otra parte, creo que nuestra salud mental, o la falta de ella, es sobre todo una respuesta normal a unas circunstancias anormales y constituye, de alguna manera, la línea de frente, las trincheras, en la guerra contra la humanidad llevada a cabo por el estado-nación y la masacre económica.

Hay 23 paredes en mi piso de una sola habitación. Hay 6 ventanas, 4 cuatro de ellas permiten que entre algo de luz, todas están en frente de más paredes. Hay techos y suelos. Hay 4 pisos en mi bloque, sin contar los dos bajos. Casi nunca veo a la gente que vive en ellos. Hay una puerta eléctrica pesada que da al pasillo de entrada comunitario, flanqueado por paredes de ladrillos, cubierto por una fina alfombra desgastada y que acaba en unas estrechas escaleras de metal. El bloque, como un día bromeó un policía que venía a detenerme tras haber dado conmigo, es una fortaleza.
Salgo de mi piso para ir a pasear, acudir a citas y asambleas o para tomar un café con lxs amigxs. Algunas veces ni salgo. No tengo ninguna razón para hacerlo. O ninguna motivación. Estoy deprimida. Suicida. Encuentro actividades para ocupar mi tiempo. Cuando salgo del piso, estoy rodeada por ruido, gente, edificios, tráfico, malos olores, cámaras y uniformes; policía, oficiales de apoyo a la comunidad, agentes peatonales, agentes de tráfico, seguratas, conductores de autobús, oficinistas, cybergóticos y emos, canis, antifascistas, yonkis, padres, anarcos, hippies. Nunca veo el horizonte, casi nunca veo la luna. Ni las estrellas. Hay un pequeño espacio verde pero está apartado y por lo visto tengo adicción a mi jaula. Recuerdo que cuando era niña tuve un hámster. Se pasaba casi todo el tiempo intentando cavar un túnel en una esquina de la jaula para encontrar la libertad, así que lo saqué de ella. No demoró ni un segundo. Se dirigió directamente a una esquina de la habitación y siguió cavando. No se dejaba engañar por la jaula más grande. Soy como un perro atado a una cadena, me puedo apartar un poco pero el arnés alrededor de mi cuello vuelve a tirarme hacia atrás para recordarme que hay limitaciones, que la única revolución en mi vida es su circularidad implacable. Que tengo una circunferencia, que no soy libre, no importa cuánto intente convencerme a mí misma de que tengo el control, de que puedo causar efecto. Me aplasta la ilusión de poder escoger. Me siento obligada a tener que escoger entre un millón de tipos de naranja cuando, en realidad, lo que quiero es una manzana. No cabe duda de que la vida está hecha para vivirla con urgencia, con imperativos o, al menos, con algún significado que venga desde fuera de mi propia invención. No cabe duda de que yo no debería estar preguntándome en qué momento escogeré la muerte…

Mi sentido del olfato ha cambiado, es más agudo por la fetidez de la civilización. Madreselva y azufre. Perfume y meados. El humo de un autobús como si alguien me hubiera aplastado la cara contra una alfombra vieja. Como una epiléptica antes de su ataque, alertada por el olor de peras o almendras. Me inmoviliza para que no luche. Mordiéndome la lengua porque si comienzo a gritar nunca pararé.

Se piensa que las autolesiones son la segunda causa de ingreso en las salas de emergencia del RU (la primera son los “accidentes”). La definición de autolesión intencionada (Deliberate Self-Harm, o DSH) se refiere a comportamientos de violencia autoinfligida como cortes, ingestión de sustancias tóxicas (incluidas las sobredosis de droga), quemaduras, cabezazos contra las paredes, tirones de pelo e intentos de suicidio. Otros comportamientos arriesgados más aceptados socialmente y más extendidos como el abuso del alcohol, el tabaco, los desórdenes alimenticios y el sexo sin protección también se consideran autolesiones, aunque no se incluyen en las estadísticas de autolesión.

Entre la pobreza demoledora de Lincoln Green, estoy tumbada en una cama de hospital, un lugar de seguridad momentánea, con frío, sola, asustada, avergonzada, consumida por la culpa, desesperada por escapar de mi propia cabeza. Sólo quiero dejar de ser yo misma. Dejar de estar aquí. Hacer algo que rompa mi vida, que la abra y revele algo mejor. Algo más tolerable. Tengo dos heridas en mi muñeca izquierda y puñaladas en mi muslo derecho. Supongo que no es normal atacarse a una misma. Un doctor con cara preocupada lee mis notas. ¿Te alegras de estar viva?, me pregunta. No mucho, le respondo. Lo que sea. Con tal de que algo cambie.

Corto para que las cosas sean mejores.


Las estadísticas de autolesiones son problemáticas. La violencia autoinfligida se suele llevar a cabo en secreto, y muchos casos nunca llegan a los hospitales de urgencias. Sin embargo, un estudio gubernamental publicado en 2001 indica que aproximadamente 215.000 adultos en el RU podrían haberse autolesionado en un periodo de doce meses, y que más de 24.000 adolescentes ingresan cada año en los hospitales por herirse a sí mismxs. Una vez más, estas cifras no incluyen la violencia doméstica, el abuso de sustancias tóxicas, el suicidio, los desórdenes alimenticios ni otros comportamientos autodestructivos. En su ensayo La política de la tortura: Dispersando los mitos y entendiendo a los supervivientes, Joan Simalchick escribe que “…el uso sistemático y generalizado de la tortura hoy en día no tiene precedentes… Amnistía Internacional describe la tortura como la epidemia del siglo XX.” En el RU parece que hay una epidemia sin precedentes de autolesiones que ofrece, con sólo mirarla someramente, el inquietante panorama de una cultura caracterizada por la violencia sistemática y generalizada, pero, en este caso, autoinfligida.
La violencia autoinfligida es un tema complicado y mucha gente no lo entiende -incluso lxs que la llevan a cabo-. También hay gente que manifestará públicamente no entender estos actos mientras en privado se autohiere, o se dedica a otras formas de autoabuso socialmente más aceptadas, algunas de las cuales han sido históricamente instituidas por los gobiernos y la industria con el objetivo concreto de establecer un control social y beneficiarse de él, las más conocidas son el alcohol, las drogas (las recreativas y las recetadas) y el tabaco.
La autolesión se suele explicar como una necesidad de control, comunicación y castigo. De la misma manera, la tortura trata de controlar al individuo, forzarlo a comunicar y castigar a la víctima y su comunidad. La violencia autoinfligida ha sido descrita como “una respuesta normal a circunstancias anormales.” Es un indicador de que no todo está bien en el mundo interno de alguien. Y el hecho de que sea un problema tan grande dentro de nuestra sociedad -junto con los problemas de salud mental en general- muestra que no todo está bien en nuestro mundo colectivo. Los animales en cautividad se autolesionan, y los seres humanos, sobre todo en Occidente, son cada vez más propensos a ello.

Me parece que casi no existe la necesidad de “desaparecer” personas, torturarlas, someter directamente a la población a aquellos que la controlan. Hemos sido entrenadxs para hacerlo nosotrxs mismxs.


El sistema en el que vivimos ha estado desarrollando y perfeccionando sus técnicas de control social durante cientos de años: masacres, persecución religiosa, colonización, patrullas de reclutamiento forzoso, ahorcamientos masivos, esclavitud y servidumbre, cercamientos de tierras[1] y destrucción de propiedades colectivas, deportaciones, el manicomio, la fábrica, la cárcel, el aula de escuela, el fascismo, la sociedad de vigilancia en Alemania del Este, donde había un agente de la Stasi por cada 50 habitantes (sin contar a los informadores), y, en el RU de hoy en día, un estado neofascista en donde cada ciudadano puede esperar que le filmen con cámaras de circuito cerrado al menos 300 veces al día (“Démosles algo que observar” dice una publicidad al final de mi calle), y donde se esta construyendo una inmensa base de datos que constituirá los cimientos de un proyecto de tarjeta de identificación que proporcionará acceso a toda tu historia personal (perfil familiar, expediente escolar, historial de salud física y mental, muestra de ADN, escáner de retina y huellas digitales), a los cuales podrá acceder cualquier autoridad que consulte tu tarjeta de identidad, y que contendrá también un perfil de tus actividades, como la cantidad de alcohol que compras o dejas de comprar.

Gran Bretaña está fundada en la violencia, el exterminio y la tortura: hacia la tierra, hacia otras especies, hacia individuos y comunidades. Y antes de que el imperio saliera a conquistar el mundo, tenía que conquistar a la gente dentro de sus propias fronteras. El sistema en el que vivimos se basa en el genocidio y en el cercamiento. Algunos teóricos definen hoy nuestra transición de una vida basada en la naturaleza a otra dependiente de la agricultura, la industria y la tecnología como un ‘trauma original’, cuyo resultado psicológico es una nación poblada por gente que padece un trastorno por estrés postraumático como forma de vida.
Algunos de estos sucesos ocurrieron hace tanto tiempo que no los recordamos. Pero estamos rodeados de las consecuencias. Y aquí, el gobierno, los educadores, las instituciones y los que sacan provecho han aprendido lecciones valiosas de la historia y han conseguido un perfeccionamiento de control social que hace de la resistencia un acto complicado: porque los perpetradores de violencia ya no son tan obvios, ya no es directamente el estado sino nosotrxs contra nosotrxs mismxs.

Chelis Glendinning habla sobre el trauma original que sufren todas las personas que se han criado en Occidente. El trauma original es un pesar profundo: pérdida de lugar, de personas, de propósito. Imagina estar sumidx en un ciclo eterno de angustia. Disforia. No tienes que imaginarlo, lo vivimos. ¿A qué distancia está tu familia biológica? ¿Con qué frecuencia los ves? ¿Cuándo los perdiste o cuándo te dejaron? ¿Cuántas personas de tu “familia escogida”, es decir, tus amigxs, viven en un rango de 200 km desde tu casa? ¿Con qué frecuencia las ves? ¿Cuántos campos en los que solías jugar o pasear han sido cercados o están urbanizados? ¿Cuántos amantes has tenido y perdido? ¿Puedes llegar a entablar una relación sin necesidad de preguntarte cómo y cuándo acabará? ¿En cuántos lugares has vivido y de cuántos te has ido? ¿Cómo de asustadx te sientes? ¿Cómo de perdidx? ¿Cuántas veces has vivido un sentimiento profundo de propósito colectivo y después, sin que tú lo puedas impedir, cambian los tiempos, la gente o tu mismx y te encuentras de nuevo solx y sin propósito?
No deberíamos tener que sufrir tanto. ¿O sí?

Soy un bebé, una niña, una chica pequeña. Vivimos en un pueblo naval sórdido, mis abuelos viven en Londres. Los vemos con bastante regularidad, pero cuando se van a casa me agarro a ellos y grito. No quiero que se vayan. Comienzo el colegio. Dejo el colegio. Empiezo en otro. Amigos distintos. Mi hermano va a un internado, lo paga la Marina. Lo extraño. Abusan sexualmente de mí y pierdo mi cuerpo. Dejo el colegio. Mi padre se va. Nunca vuelvo saber de él. Intento ahorcarme. Entro a otro colegio. Amigos distintos. Mi madre se vuelve a casar. La pierdo. Una abuela muere. Su marido se vuelve a casar y se muda al norte. Nunca volvemos a saber de él. Dejo el colegio. Voy al instituto. Intento matarme. Entro en la Universidad. Amigos distintos. Ciudad diferente. Amo a alguien. Rompemos. Intimidad, después silencio. Dejo la universidad. Me mudo de pueblo en pueblo. Amo a alguien. Nos perdemos el uno al otro. Cambio de pueblo. Cambio de pueblo. Cambio de casa. Cambio de pueblo. Intimidad. Retiro. Cambio de país. Lxs mismxs amigxs. En diferentes lugares. Amo a alguien. Rompemos. Cambio de ciudad. Amigxs en diferentes lugares. Lxs amigxs se mudan. Yo me mudo. Conexión. Retroceso. Esperanza. Miedo. Aniquilación. Alienación. Estoy en un calabozo. Estoy en una prisión. Estoy en un hospital. Estoy en el trabajo. Estoy en mi piso. En ningún lugar me siento bien. Siento que ningún lugar es seguro. Nadie es seguro. Nadie me sienta bien. No me siento segura. No me siento bien. No quiero estar sola, pero mis relaciones parece que sólo me hacen daño. No se cómo amar, ni a mí misma ni a lxs otrxs. No sé como dejar que me amen. No sé como vivir. Y sigo jodiéndolo todo.

Una breve comparación entre las técnicas de autolesión y las técnicas oficiales de la tortura da qué pensar. Y la autolesión es más frecuente entre la población más expuesta a la tortura: mujeres y niñxs, sus familiares, presxs (la incidencia de autolesiones entre hombres presos es igual a la de las mujeres “libres”), grupos étnicos oprimidos, cualquier persona que haya sufrido violencia sistémica y sistemática. Hay más hombres que se suicidan de forma efectiva, pero también hay más hombres que mujeres que mueren en combate.
Analizar las razones y las funciones sociopolíticas de la tortura, sus definiciones y técnicas y las consecuencias para la víctima y las comunidades involucradas, es, a mi modo de ver, un camino útil y revelador para entender la violencia autoinfligida en las economías capitalistas como el RU.
La función sociopolítica de la tortura es romper el poder del individuo. Es una forma de desarticular la voluntad psicológica de la víctima y de crear una cultura del miedo, no sólo en el individuo torturado, sino también en la comunidad de la que se podría extraer la próxima víctima. El torturador pocas veces quiere matar. Es un medio para el control social y las víctimas de la tortura son su herramienta.
Las técnicas empleadas por el torturador abarcan un amplio abanico de posibilidades. Incluyen palizas, heridas de corte o punzantes, quemaduras, electrocución, experimentación forzada, extracción de extremidades o tejidos, condiciones físicas extremas, tortura sexual, tortura mental (amenazas, ejecuciones simuladas, encierros en soledad o privación sensorial). Las técnicas de autolesión son parecidas.

“¿Te cortas con cuchillos, cuchillas, vidrio roto, agujas, clavos, clips, pins, tijeras, tachuelas, cualquier cosa que caiga en tus manos? ¿Golpeas tu cabeza contra las paredes? ¿Das puñetazos contra ellas hasta que tus nudillos se magullan o sangran? ¿Te lanzas contra cristaleras? ¿Quemas tu piel o tu cabello? ¿Te tragas pilas para que se abran y su ácido te queme por dentro? ¿Te golpeas con objetos contundentes? ¿Te golpeas en el estómago, las piernas, la cabeza? ¿Intentas romper tus propios huesos? ¿Expones tu cuerpo a condiciones climáticas extremas sin cubrirte y así quedas insolada, congelada, resfriada o febril? ¿Miras directamente al sol hasta que casi te ciega? ¿Te tiras del pelo? ¿Te muerdes o arañas hasta sangrar?”
Razor (sitio web sobre la autolesión).

Un director de operaciones de la Stasi en la antigua RDA (Alemania del Este) describe, en relación a las formas de paralizar a los ciudadanos opositores, el objetivo de estos procedimientos como “desarrollar apatía (en el sujeto)… para llegar a una situación en la cual sus conflictos, ya sean de índole social, personal, profesional, de salud o políticos, se vuelvan irresolubles… suscitar miedos en él… crear y desarrollar desilusiones… restringir sus talentos o capacidades… reducir su capacidad de acción y utilizar desavenencias o contradicciones a su alrededor con este propósito.” Claro está, la forma en que actuaban en la RDA es bastante diferente de lo que sucede en el RU, pero estas descripciones se podrían aplicar al estado de salud mental de muchos británicos hoy en día. La directiva ‘Zersetzungsmassnahmen’ significa, literalmente, ‘aniquilación del ser interior’ e incluye la creación de “situaciones comprometedoras para ellos generando confusión acerca de los hechos… y engendrando comportamientos depresivos e histéricos en la persona-objetivo.” Aquí (Reino Unido) no hay agentes secretos que decidan si puedes acceder a uno u otro trabajo, casa o escuela. Sólo hay una ingeniería social. No hay agentes secretos que nos comprometan confundiendo los hechos o engendrando comportamientos depresivos en personas-objetivo. No hay agentes secretos: sólo hay un sistema intangible pero eficazmente opresivo en donde el carcelero es todo aquello que deseas (y que se nos dice que es lo que la gente de todo el mundo desea), todo lo que piensas, todo lo que te rodea. Hay una confusión masiva perpetrada por los medios de comunicación y hay una cultura del miedo creada por el gobierno y su guerra contra el terrorismo, contra los jóvenes, los sin techo y los inmigrantes, además de por los métodos tradicionales para crear miedo a través de la imposición de normas culturales como el trabajo y la familia nuclear. Allí está la pobre salud mental de millones de británicos. No hay agentes secretos, pero el resultado es el mismo. No hay personas-objetivo, sólo una sociedad de individuos desvinculados de forma generalizada, alienados los unos de los otros y de sí mismos, fuera de control, jodidos y apáticos, deprimidos o caóticamente cabreados.

Aquí, en Gran Bretaña, los ciudadanos no son torturados de manera rutinaria. Hay ejemplos de violencia evidente hacia individuos, perpetrada por el estado y sus instituciones -en particular, dentro del sistema policial, del sistema de prisiones y del sistema de salud mental-, con detención obligatoria, neutralización farmacológica forzada y prácticas como la TEC (terapia electroconvulsiva o por electroshock -básicamente, daños cerebrales-) y la neurocirugía (la infame lobotomía, que todavía se practica aquí) , pero nada de esto sería enmarcado en un contexto de tortura. La mayoría de la violencia en Gran Bretaña parece ocurrir entre ciudadanos o contra sí mismos.
La tortura ocurre en cuartos pequeños, celdas manchadas de sangre vigiladas por guardias penitenciarios psicópatas. La tortura ocurre en países con dictaduras o guerras. La tortura se refiere a la amenaza. Amenaza a nuestra integridad: como una mente, un cuerpo, un alma, como una comunidad. La tortura se refiere a la creación de una cultura del miedo, círculos de silencio y obediencia absoluta a algo o alguien que no eres tú. Pero, ¿es posible que la sociedad capitalista en la cual vivimos no sea más que una vasta cámara de tortura sin lugar fijo que utiliza técnicas psicológicas muy avanzadas, tan astutas que llegamos a confundir un estado de tortura con un estado de privilegio?

En cualquier lugar del mundo hay gente con cicatrices. Después de todo, esto es el capitalismo global. ¿En qué piensas cuando piensas en cicatrices? ¿Piensas en las fotos de piel negra marcada por instrumentos de tortura en dictaduras lejanas publicadas por Amnistía Internacional? ¿Piensas en las cicatrices en los cuerpos de mujeres, niños y hombres sometidos a violencia doméstica? ¿Piensas en las marcas de jeringas en brazos de yonkis en los lugares más oscuros de la ciudad? ¿Piensas en cicatrices en el rostro de hombres que se han peleado en un pub o que han sido asaltados o atacados por chavales encapuchados? ¿Piensas en el pequeño círculo de vacuna en la parte superior del brazo de todos los adultos para protegerlos de las enfermedades de la civilización? ¿Alguna vez has notado las cicatrices en los brazos de la gente “normal”? Líneas blanquecinas extrañas e inexplicables que surcan la piel de hombres y mujeres de todas las edades. Mira a tu alrededor. Las verás. Es como quitarse una venda y volverse sensible a estas marcas y lo que hay detrás de ellas. Las cicatrices no son el privilegio del Tercer Mundo, de dictaduras evidentes, de zonas de guerra oficial. La guerra contra la vida no tiene fronteras, y sea cual sea el punto del capitalismo en que vivamos, en cualquier lugar del mundo en que nos encontremos, por mucho que nos digan lo privilegiados o lo desafortunados que somos, todos y todas estamos heridxs y marcadxs por ella. Estas cicatrices cuentan la historia de la civilización. Son todo lo que necesitas saber.

“Hay una diferencia entre la pobreza en el Tercer Mundo y en Occidente… cuando mi amigo filipino me preguntó por qué tanta gente intenta suicidarse aquí, simplemente no supe qué responderle. Para quien nunca la ha padecido, la pobreza de nuestra cultura es muy extraña… […] hay otra solidaridad en un nivel más profundo de la lucha. Tiene que ver con el acto cotidiano de vivir, es la lucha contra la alienación de nuestras propias vidas”.
Extraído de un panfleto de Solidaridad Pacífico Sur

A cada vez más gente en el RU se le diagnostica un trastorno por estrés post-traumático (TEPT) o un DESNOS (Desorden de Estrés Extremo sin Especificar, que involucra la exposición repetida y prolongada a experiencias traumáticas). Yo considero que los diagnósticos no reflejan lo importante, pero en este caso me parecen útiles. El TEPT solía ser un problema aplicado a supervivientes de la tortura o de situaciones de guerra, amenaza a la integridad física o desastres naturales. Pero incluso las autoridades psiquiátricas han tenido que admitir que hay mucha gente que cumple los síntomas de TEPT sin haber sido sometidas a las causas comunes que se le asignaban (es decir, no siempre pueden explicar sus síntomas como el resultado de un acontecimiento traumático concreto como una guerra o un encarcelamiento), de ahí viene el DESNOS.

Abusos a niñxs, abusos sexuales, violencia doméstica, ruptura matrimonial, divorcio de los padres, todos son reconocidos como posibles factores que contribuyen al inicio de un TEPT. Pero todos los síntomas que componen el TEPT también son comunes en muchos otros desórdenes mentales: la ansiedad, la depresión y los problemáticos “desórdenes de personalidad” (cualquier personalidad o comportamiento que te marca fuera del consumidor somatizado, con salario, obsesionado con los productos que puede comprar, conformista y políticamente inactivo), que han sido inventados por las compañías farmacéuticas para vender más drogas y por los psiquiatras y el sistema de justicia para poder invalidar y extraer de la sociedad a todos aquellos que rehúsen someterse.

Tengo doce años. Un año después de que mi padre nos abandonara. El año en que mi madre se vuelve loca, rompiéndome cepillos en la cabeza cada noche a causa de su frustración, abusando emocionalmente de mí, golpeándome, empujando mi cara contra la nieve porque está enfadada y sola y lo exterioriza con la persona equivocada porque la persona correcta no la escuchará, dejándome sola porque ya no puede aguantar la casa que alguna vez compartieron. Estoy de pie bajo el marco de su puerta, es de noche, no puedo dormir, estoy desesperada por decir algo pero perdí mis palabras. Me ruega que me vaya a la cama, que la deje dormir. No puedo moverme. No puedo hablar. Mi padre finge no conocernos si nos lo cruzamos en el supermercado o en la playa. Mis sentimientos ya no cuentan. Trato de ahorcarme, llena de odio y rabia, de amor reventado, de esperanza reventada y de confianza reventada.

Me arrastran al psiquiatra. Literalmente arrastrada, pateando y gritando, a través del páramo de la Costa Sur, a la sombra de buques de guerra, barcos prisión y viejas fortalezas, por debajo Portsdown Hill y sus instalaciones de investigación militar de ladrillo rojo, pasando una urbanización tras otra de pisos de protección oficial podridos y cuarteles navales, bajo la lluvia, a un psiquiatra y, desde entonces hasta hoy, soy yo quien ha hecho algo mal, hay algo equivocado en mí. Mi padre le envía a mi madre textos sobre análisis transaccional y mi madre se deleita con que el primer psiquiatra rehúse recibirme porque hago demasiadas preguntas, forzándolo, a mi manera infantil, a mirarse a sí mismo. Soy una chica difícil, al menos eso dicen. Incontrolable. Demasiado lista para mi propio bien. Soy mi peor enemiga.

Entonces, ¿qué, en nuestro mundo, podría llevar hacia un TEPT o un DESNOS?
“Los sucesos traumáticos experimentados directamente incluyen, pero no se limitan a, combate militar, asalto violento contra la persona (agresión sexual, ataque físico, robo, atraco), ser secuestradx, ser tomadx como rehén, atentado terrorista, tortura, encarcelamiento como prisionerx de guerra o en un campo de concentración, crimen, desastres naturales o causados por el ser humano, accidentes de coche graves o ser diagnosticadx de una enfermedad que amenace tu vida. Para los niños, los eventos sexuales traumáticos pueden incluir experiencias sexuales en momentos inapropiados del desarrollo personal, sin que necesariamente haya amenaza de violencia, violencia o daños. Los sucesos traumáticos presenciados incluyen, pero no se limitan a, observar heridas graves o la muerte por causa no natural de otra persona debidas a ataques violentos, accidentes, guerra, desastres, o haber visto inesperadamente un cadáver o partes amputadas de un cuerpo. Los sucesos traumáticos experimentados por otrxs de los cuales se tiene noticia, incluyen, pero no se limitan a, asalto violento a la persona, accidente grave, heridas graves sufridas por un miembro de la familia o amigo cercano…” (DSM-IV-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatras, 1994)”

Un informe de 1989 estimaba que a los catorce años, lxs chicxs en Occidente han presenciado alrededor de 11.000 asesinatos en televisión.

Tenemos más comida de la que podemos comer. Tenemos acceso a diferentes medios para entretenernos: televisión, cine, radio, la industria musical, Internet, PlayStations. Nuestrxs hijxs tienen juguetes y tecnología con las que se mantienen ocupadxs. No nos atacan ejércitos, paramilitares o policías secretas. Podemos transportarnos fácilmente de un lugar a otro. Podemos vivir donde queramos y viajar por el mundo. Tenemos educación para todxs y oportunidades laborales. Tenemos suficiente dinero para vivir -algunxs más que otrxs-, pero pocxs de nosotrxs no tenemos nada. Tenemos drogas recreativas para disfrutar y drogas médicas para mantenernos vivxs y dejar de sentir demasiado. La mayoría no teme por su seguridad física, nuestras casas están protegidas y nuestras prisiones están literalmente desbordadas (la solución es meter a lxs presxs en contenedores de mercancía modificados).

La gente muere aquí de malnutrición, no por hambre, sino por obesidad. Muchos occidentales la sufren en su día a día. La comida que comemos ha sido descrita como ‘anti-nutritiva’ por algunos nutricionistas -importada, empaquetada con materiales tóxicos, y producida por una maquinaria de agricultura industrial masiva (suelos pobres e insecticidas)-. La comida rápida y las chucherías no son comida. La comida que comemos no nos sana, nos hace daño. El conocimiento y proceso de cultivar, cosechar y recolectar nuestra comida también se ha perdido -junto con el proceso curativo de estas actividades, nuestra conexión con la naturaleza y la sensación de autonomía sobre nuestras necesidades básicas y supervivencia-.
Soportamos sobredosis de información -una especie de ruido blanco- totalmente banal, anestésica y paranoica. La capacidad de concentración ha disminuido y la interacción humana está cada vez más mediada por la tecnología. En lugar de nuestras vidas “reales” tenemos “realities”. Nuestras conversaciones, así como nuestros espacios privados, son interrumpidos constantemente por llamadas al móvil, nuestras amistades se mantienen a través de los mensajes de texto y los e-mails.

Vivimos en una cultura del miedo al otrx. Estamos enchufadxs a los ordenadores y la televisión. La educación -como siempre- se basa en enseñarnos a no cuestionar, a pasar exámenes, a aprender sólo lo que el gobierno quiere que aprendamos, a rompernos para que seamos un engranaje más de la máquina. Un informe reciente de la UNICEF sobre niñxs en el RU lxs describió como lxs más infelices del mundo desarrollado.

Aquí tenemos el estado del bienestar. Tenemos tarjetas de crédito. Tenemos una pobreza relativa, en vez de absoluta, junto a la propaganda de las oportunidades y la elección.

Ya no recordamos cómo curarnos a nosotrxs mismxs. Incluso si nos acordáramos, las enfermedades producidas por la sociedad tecno-industrial probablemente estén fuera del alcance de los remedios tradicionales, y la industrialización ha eliminado muchas de las plantas que empleaba la medicina natural. El RU es un desierto agrícola e industrial.
Estamos sujetxs a una vigilancia constante, aumenta el número de policías, agentes cívicos, seguratas, cámaras, furgonetas con vídeo, equipos de seguimiento de audio en los McDonald’s y las estaciones de tren, pulseras de seguimiento electrónico, móviles con cámaras y rastreo de llamadas y de correo electrónico.

[bares] [tiendas] [restaurantes] [parques] [comiendo] [caminando] [calles] [centros urbanos] [bloques de oficinas] [cajeros automáticos] [probadores] [dormitorios] [desvistiendo] [vistiendo] [piscinas] [puertas] [autopistas] [polideportivos] [playas] [tejados] [helicópteros] [furgonetas de vigilancia] [hablando] [abrazando] [luchando] [mcdonald’s] [juzgados] [cafeterías] [comisarías] [teléfonos móviles] [llorando] [bailando] [clubs] [pubs] [centros de salud] [corriendo] [empresas de taxi] [taxis] [cárceles] [pasillos de escuelas] [aulas] [patios de escuelas] [parques infantiles] [parkings] [aeropuertos] [estaciones de tren] [estaciones de autobús] [trenes] [autobuses] [puertos de ferry] [esquinas] [vallas publicitarias] [webcams] [aprendiendo] [viajando] [estando quietx] [análisis de movimientos] [vestíbulos] [ascensores] [ayuntamientos] [starbucks] [casas] [bancos] [barracones del ejército] [análisis biométricos] [análisis de patrones de grupos] [planetarios] [cines] [teatros] [gimnasios] [parques de atracciones] [causando disturbios] [polígonos industriales] [barrios de protección oficial] [gasolineras] [satélites] [escaleras] [observando] [tosiendo] [metiendo goles] [sonriendo] [muriendo] [robando] [amando] [follando] [besando] [agarrando] [bebiendo] [quedando] [despidiendo] [comprando] [fumando] [perdiendo el tiempo] [durmiendo] [trabajando] [esperando] [jugando] [rezando] [desobedeciendo] [universidades] [centros comerciales] [galerías de arte] [bibliotecas] [hospitales] [vendiendo] [mercados] [en el R.U. eres grabado un promedio de 300 veces al día]

Imagina los diferentes uniformes que patrullan las calles, cielos, edificios y centros urbanos en Gran Bretaña y ponlos todos en el mismo uniforme, digamos, un uniforme militar…

Se están introduciendo sistemas de altavoces en las zonas comerciales del RU: ladran mensajes desde un cuerpo invisible que te previene contra los carteristas o te dice que recojas lo que acabas de tirar al suelo.

Tenemos drogas para hacernos felices -legales e ilegales-, para hacernos olvidar que estamos estresadxs y ansiosxs, para hacernos sentir cercanxs a otras personas o simplemente para no sentir nada en absoluto, para mantener la economía funcionando, para levantarnos por la mañana y dormirnos por la noche. Tenemos terapias que nos ayudan a adaptarnos a un sistema que nuestros cuerpos y mentes rechazan. Si las drogas y las terapias no ayudan, tenemos drogas más fuertes, hospitales psiquiátricos y otras prisiones. El diccionario de “enfermedades mentales” está en crecimiento, la mayoría de ellas podrían describirse simplemente: la civilización y el rechazo a la civilización.
La muerte, la enfermedad o las lesiones resultantes de abusos de sustancias, incluyendo el tabaco y el alcohol, la actividad sexual, los accidentes de transporte, la obesidad, la contaminación, el estrés, el suicidio y las autolesiones son epidémicas. La gente sí que teme por sus vidas. Pregunta a los Samaritanos. Pregunta a las miles de personas que cada año terminan en salas de urgencias porque se hicieron daño ellas mismas, o bebieron mucho, o no podían garantizar que no se matarían antes de que acabara la noche. Pregunta a todos los muertos o mutilados como resultado de accidentes en la carretera, insuficiencia cardíaca o cáncer.
La forma en que vivimos es de cautividad, un estado esquizoide. Es interesante que muchos de los problemas de salud mental que padecen hombres y mujeres urbanxs, industriales y tecnológicxs tienen un paralelismo con el comportamiento de los animales en cautividad: reacciones de escape (corriendo de aquí para allá, haciéndose daño o quedando postrados sin moverse), desórdenes alimenticios (anorexia, bulimia, comer compulsivamente), sobre-acicalarse, balancearse y andar de un lado a otro, automutilación, comportamiento sexual anormal y comportamiento estereotípico (desorden obsesivo-compulsivo), apatía, relaciones anormales entre padres e hijos (abandono, infanticidio), prolongación de un comportamiento infantil, incluyendo la falta de confianza social y una agresividad incontrolada, debido a la superpoblación o al aislamiento, y dirigida a las personas u objetos “equivocadxs” (los objetivos correctos, sus captores y los guardias del zoológico, están fuera de su alcance). Todxs hemos escuchado las historias de delfines intentando romperse la cabeza contra los cristales de sus acuarios, y sabemos que los animales en cautividad tienen dificultades para criar, la infertilidad y los abortos son una respuesta al estrés (también para muchos occidentales) o una “elección”, traer crías en un estado de cautividad se podría, después de todo, considerar como un acto extraño de crueldad.

En los últimos años se ha impuesto un toque de queda a lxs chicxs británicxs, no se les deja congregarse en grupos de más de dos, se les obliga a hacer exámenes académicos a la temprana edad de 7 años, tendrán que pasar por una entrevista de 200 preguntas que “defina quiénes son” para obtener un pasaporte, son el objetivo de la draconiana Normativa de Comportamiento Antisocial (ASBO, Anti-Social Behaviour Order), se les toman las huellas digitales en las escuelas (muchas de las cuales están rodeadas por cámaras y ya no tienen corredores sino puertas que tienen que ser abiertas y cerradas por “profesores”, lo que hace la libertad de movimiento imposible).

Los animales en cautividad, como los humanos modernos, tienen una vida relativamente cómoda: se les alimenta, limpia, están a salvo del salvajismo, tienen acceso a relaciones sexuales, un poco de espacio y algo de estímulo. Como en nuestra “buena vida”. Y aún así, no parece que la soporten. Nosotrxs tampoco.
Algunos aspectos de la civilización son claramente una tortura como la que se define en los manuales. Algunas definiciones de tortura mental incluyen: “forzar a la víctima a torturar a otra persona, presenciar la tortura de otra persona y presenciar asesinatos o violaciones…, detención en completa oscuridad, exposición a luces brillantes, exposición a ruidos constantes o privación del sueño. Condiciones precarias que incluyen la falta de comida, cuidado médico y comunicación.” (de “Clinical Signs and Symptoms“). Aplicar estas definiciones a la forma en que vivimos es bastante fácil: secuencias violentas en los telediarios, películas y juegos, alienación, policía por doquier, desinformación, exposición a luces constantes y ruidos y condiciones pobres -cuanto menos, casi endémicamente estresantes- para la mayoría de la gente.
Y el resultado:
“… la siguiente constelación de síntomas se encuentra con frecuencia asociada a un estresor interpersonal (por ejemplo, abuso físico o sexual a niños, palizas domésticas, ser tomado como rehén, encarcelamiento,… tortura): modulación afectiva disminuida, comportamiento autodestructivo e impulsivo, síntomas disociativos, dolencias somáticas, sentimientos de inutilidad, vergüenza, desesperación, desesperanza; sentirse permanentemente herido; pérdida de creencias anteriores, hostilidad, retraimiento social, sentirse constantemente amenazado, relaciones interpersonales deterioradas o cambio de las características de personalidad anteriores.” (DSM-IV-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, de la Asociación Americana de Psiquiatras, 1994).

Ella llora. Ella detiene su llanto, apretando dos dedos contra el puente de su nariz hasta que las lágrimas dejan de salir. Está sentada en el borde de la bañera, alumbrada sólo por la luz del pasillo que se filtra por la puerta. No tiene razones para llorar. Sólo lo hace. Sólo lo desea. Sólo está triste. Está avergonzada de esto, pero ella es así. Suelen hacerle comentarios respecto a la tristeza de su cara, cada vez que hay una pausa en la conversación, cuando ella es inconsciente de los ojos que la observan. No quiere decir que no esté alegre a veces. Tiene arrugas de risa. Pero a menudo ella siente su risa como si estuviera captando con la mirada un animal que creía extinto. Y su tristeza es la tristeza de un animal atrapado, al igual que su rabia, su letargia, su odio; si no es hacia su carcelerx, es hacia sus compañerxs reclusxs, aunque a veces es difícil hacer la distinción. Los vínculos íntimos son un tirachinas listo, una pistola cargada sin el seguro puesto.
Le cubre el agua turbia hasta las rodillas, cerca de Chichester. Vinieron al estuario a nadar y a jugar. Ella, su hermanastro y su hermano. Ella lleva un bikini. Azul eléctrico con borde rosa. Ella tiene 13 ó 14 años. Tiene senos pequeños, apenas crecidos a su metro cincuenta de estatura. Su hermanastro es mayor, 15 ó 16 años, no es alto pero sí robusto. Están con el agua a las rodillas entre un juncal un metro más alto que ellos. Él está intentando conseguir que ella se quite el bikini. Ella no quiere hacerlo. Pero él es mayor, y proviene de una familia a la que su madre admira. La chica cree que, de alguna manera, ella tiene que ceder, incluso aunque no le guste estar aquí, incluso aunque se sienta enferma y quiera llorar. Este “juego” lleva reproduciéndose durante años. Ella no quiere ofenderlo ni iniciar un conflicto. Ella no es lo suficientemente importante. Ella no tiene ningún derecho a negarle lo que quiere. Después, él llena su bikini de barro cuando están nadando, cogiéndole las tetas mientras lo hace, haciendo como si fuera una inocente pelea de agua para que su hermano no note nada. En la tarde, se sientan a comer con los padrinos y la novia de él. Él no la mira ni le habla, pero cuando se van a dormir, él repta hasta la cama de ella e intenta quitarle la ropa. Esta vez ella se resiste. Ella no quiere esto. Aún ahora, muchos años después, cuando folla, cuando hace el amor, cuando la toca un amante, tiene que apretar los dientes y resistir el impulso de golpear, empujar o simplemente levantarse y correr.


¿Qué hace la gente en cautividad, en las salas de tortura? Alguna gente mantiene la mirada sobre el suelo hasta que la terrible experiencia acaba. Pero si la situación continúa de manera indefinida -si es todo lo que conoces-, entonces la mente buscará su propia salida. “Marx predijo, erróneamente, que una profundización de la miseria material llevaría a la revuelta y a la caída del capital. ¿No será, más bien, que el incremento del malestar psíquico está llevando, por sí mismo, al reinicio de la revuelta, y que, de hecho, esta puede ser la última esperanza de la resistencia?” John Zerzan, La Psicología de Masas de La Miseria.

La incidencia de autolesiones entre los hombres encarcelados en el floreciente sistema penitenciario británico iguala a la de las mujeres “libres”. La autolesión (junto con la violencia doméstica, el abuso de substancias y los trastornos alimenticios) es la respuesta del superviviente a la forma de tortura que se puede describir simplemente como “la forma en que vivimos”. La civilización y todo lo que la define son, en esencia, los manuales de tortura psicológica aplicados a escala masiva. El comportamiento de autoabuso de muchas personas aquí en el RU (también en EE.UU.) tiene dos implicaciones: es al mismo tiempo un intento de sobrevivir en el sistema exteriorizando todo aquello que se nos ha enseñado a interiorizar, y, simultáneamente, una compulsión de llevar a cabo el proyecto del Estado -aquello del control social y el necesario desplazamiento de la ira y la desesperación desde su objetivo genuino pero nebuloso (el sistema compuesto por el estado, la industria, las finanzas y el comercio), hacia el único objetivo accesible, el individuo aislado en una cultura en que la insurrección y la insumisión masiva son cada vez menos pensables-.
De alguna manera, la incapacidad de tantas personas de mantener un nivel aceptable de salud mental en nuestro país es alentadora. Revela la lucha de un organismo vital contra las instituciones opresivas y aniquiladoras del Estado y el orden económico mundial: estar bien adaptado en una sociedad profundamente enferma no es ningún indicador de salud. Es el rechazo a una forma de vida intolerable. Es la incapacidad de ajustarse a aquello que es dañino y antinatural, a pesar de la existencia de lo que John Zerzan describe como La Sociedad Psicológica, que a través de la terapia y las drogas hace todo lo posible para que nos adaptemos cuando “el tema central es si ‘el mundo que refuerza nuestra incapacidad para cambiar’ puede ser forzado a cambiar, hasta dejarlo irreconocible.”


Sólo tenemos que entender que hay una guerra declarada justo aquí, ahora mismo. Si siempre crees que luchas por alguien que está peor que tú, ¿no estás diciendo de forma implícita que tú estás mejor y, por tanto, que en realidad hay partes del capitalismo (tu parte) que están bien?
Dondequiera que estés, hay una guerra sin cuartel entre los imperativos capitalistas y la pasión por la vida de la gente sometida a él. La autolesión se entiende, por lo general, como una estrategia de aguante, al fin y al cabo, se trata de mantenerse vivx ante circunstancias intolerables. Sería un error, claro está, sugerir que la autolesión es lo mismo que la resistencia, aunque los problemas de salud mental tienen un gran coste para la economía. Es una reacción, una respuesta y un rechazo. Es el grito. Pero hasta que no sea politizado, seguirá siendo sólo un ataque del individuo contra el individuo.
Si la lucha de aquellxs que sufren de problemas mentales o emocionales no estuviera tan contenida, desplazada y estigmatizada hasta por aquellxs que se consideran “radicales”, quién sabe qué tipo de sociedad forjaría esa pasión por la vida desencaminada, esa inteligencia, ese rechazo. Mientras situemos al enemigo dentro de nosotrxs, alentadxs por un sistema entero, desde la educación hasta los modelos bio-médicos de la enfermedad mental, y mientras sigamos viendo estos comportamientos como enfermedades de las cuales hay una esperanza de cura basada únicamente en cambiar el mundo interno del enfermo -en vez de en derrocar el sistema-, nunca lo sabremos. Las sociedades capitalistas-imperialistas avanzadas han sido tan eficaces, tan brillantes controlando y definiendo cada aspecto de la vida y la psicología humanas (un préstamo de la historia fascista y totalitaria) que ya poca gente es capaz de ver esta situación; es omnipresente.

Creo que la mayoría de gente que sufre en el RU un “problema de salud mental común”, incluyendo mucha que se autolesiona (y esto incluye cualquier comportamiento que no sea saludable para la mente o el cuerpo), simplemente está revelando el estrés psicológico en masa causado por una exposición prolongada a las condiciones de vida bajo un sistema capitalista avanzado del cual no se puede escapar, una dictadura elegida, una cultura del miedo deliberada, un ambiente altamente contaminado y alienado, y un sistema omnipresente de vigilancia altamente desarrollado.
No hay lugar seguro al que podamos escapar, no hay ningún lugar adonde podamos ir a pedir asilo por las condiciones bajo las cuales luchamos. Occidente es, posiblemente, el final de la línea. Estamos, eso nos enseñan a creer, en el mejor lugar que hay, el más seguro. Muchas personas arriesgan sus vidas para llegar aquí. Pero el trauma psicológico, físico, espiritual, económico, político y emocional que soportamos es, pese a esta ilusión, a esta propaganda, constante e interminable, cuando a diario se amontona una tensión tras otra, un trauma sobre otro trauma (experimentado directa o indirectamente), miedo sobre miedo, elección sin sentido tras elección sin sentido. No hay ningún lugar donde estar bien en el sistema capitalista global; sólo hay diferentes cámaras de tortura, con las herramientas adecuadas al objetivo y la etapa de la batalla.

Hay una historia de Augusto Boal, un dramaturgo brasileño radical pionero del Teatro del Oprimido, que al encontrarse en el exilio europeo durante los años setenta comentaba que no podía entender por qué la gente era tan infeliz si no sufría una opresión política. Sin embargo, después de un tiempo, llegó a la conclusión de que, aunque algunos estados europeos no eran tan abiertamente opresivos, esto era porque la gente había llegado a interiorizar la opresión y, a veces, ni siquiera veía a la autoridad como el enemigo: a esto lo llamó “el policía interno“.

En la relación con más abuso mutuo que he tenido, la que me jodió emocionalmente hasta el punto en el que toda mi noción de la realidad, lo que sabía de mí misma y el sentido de las cosas empezaron a trastocarse, sin duda estaba luchando por mi vida. Él no estaba a punto de matarme con sus manos, pero me dejaba sin palabras. Cuando alguien te deja muda tergiversando todo lo que tú dices y, cuando le conviene, todo lo que él dice, tienes que pelear con tus puños. Rara vez peleaba contra él -sólo en la medida en que él peleaba contra mí: él empujaba, yo abofeteaba-. Peleaba contra mí misma. Me quemé, tomé sobredosis, me rajé las muñecas, pensé en el asesinato, rechacé a la gente que me quería, muchas noches bebía casi hasta el coma, paré de comer, rompí cosas, me detuvieron, intenté morder los dedos de un policía, intenté morderme la lengua y grité. No fue un grito vocal. Salió de todo mi cuerpo. Un grito impactante que duró cinco minutos hasta que me quedé sin aliento y del cual no me creía capaz. Un grito de angustia absoluta, incesante, inconsolable, atrapada, brutal, muda, impotente, histórica. Era la única cosa que podía atravesar los barrotes, un sonido como una mano extendida sin la esperanza de que el cuerpo pudiera seguirla. Era lo único que quedaba por decir…
Ese grito todavía está ahí. Está en todxs lxs que saben que están luchando por su vida: lxs que se autolesionan, lxs alcohólicxs, lxs drogadictxs, lxs parasuicidas y lxs suicidas, las víctimas de abusos domésticos, policiales, racistas, homófobos, lxs que comen poco o demasiado; está en las gargantas de chavalxs atrapadxs en familias nucleares, hogares rotos o sin hogar y en escuelas y centros de menores, en las bocas de lxs presxs y lxs prostitutxs, en las entrañas de millones de personas dopadas por el Prozac, el litio y el Ritalin. Está en todxs, pero algunxs están más cerca que otrxs de ese grito y lo que significa.
Si no crees que estés luchando por tu vida, piénsalo de nuevo. Si sabes que no estás luchando por tu vida, puede que estés en el lado equivocado.

“Necesitamos un programa de psicocirugía y control político de nuestra sociedad. El objetivo es el control físico de la mente. Todo aquel que se desvíe de las normas impuestas puede ser mutilado quirúrgicamente. El individuo puede pensar que la realidad más importante es su propia existencia, pero esto es sólo su punto de vista personal. Esto carece de perspectiva histórica. El hombre no tiene derecho a desarrollar su propia mente.” (Dr. José Delgado, un psiquiatra contratado por la CIA para el programa de control mental MKULTRA después de haber servido al régimen franquista).

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*Extraido de Primera Vocal, el colectivo que lo edita. Puedes adquirir el texto en formato librillo de 44 páginas a 2 euros, en el Local Anarquista Magdalena o escribir a su email (localmagdalena[arroba]gmail[punto]com) y te lo mandan a tu dirección.



¡Estar adaptada y cuerda en este mundo, es un signo de sumisión y de "enfermedad"!

¡Estar enferma en este contexto, es estar "sana"!

¡Psiquiatrizadas en lucha!

¡Somos locas libres!

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Un año después de Gamonal

Es sabido que en última instancia es la policía quien tiene el monopolio de la violencia legítima. Y es únicamente por esta razón que el poli soporta la humillación diaria de verse sometido a mera obediencia, porque es solamente a través de la obediencia que puede reprimir y golpear, es decir, destapar y dejar correr su resentimiento de esclavo. El ciudadano (cuyo conjunto conforma esa masa equivalente a una impotencia estadística) es aquel sujeto que delega la capacidad de su violencia a la policía, y lo hace únicamente a cambio de otras esclavitudes (consumir, trabajar, pasear bajo el ojo vigilante de la ley coercitiva), las cuales tienen como única función tenerlo en su lugar (lugar tanto espacial como jerárquico), tenerlo encerrado entre las cuatro paredes de su privacidad mientras “los otros” ejercen sus labores arbitrarias con total impunidad. El ciudadano interioriza la autoridad y se convierte en un policía de civil pero desarmado, el cual cree tener derechos y se autoengaña. Nada nuevo por aquí.

De mientras, se contratará a alguien para que deleite a los ciudadanos con las “maravillas” de la socialdemocracia y de la moral pacifista para que no lloren demasiado entre una pesadilla y otra. El ejemplo más flagrante en nuestros días es Podemos; se dedica a vender falsa esperanza entrando en el juego del Espectáculo y, sin saberlo, le hace un favor a la dominación porque desmoviliza en gran medida lo poco que ya de por sí estaba en movimiento. Y la situación continuará así de manera indefinida hasta que la violencia restituida golpee a sus puertas, hasta que alguien prenda fuego a los bancos, a los coches, a las estaciones de servicio, a los dueños publicitarios y a sus deseos prefabricados.

Con los disturbios acontecidos en Gamonal el pasado año se vislumbró con claridad cómo el sueño del poder siempre ha sido el de persuadir a los ciudadanos que defenderse por sí mismos es inhumano y bestial y que la violencia es una abominación que hay que reprimir de forma permanente. Mientras, los medios de comunicación, sin excepción, ponen empeño en calificar como criminales algunas acciones de destrucción de coches, de bancos, de mercancías, es decir; de cosas. Con la reapropiación de la violencia, los cuerpos actuantes en Gamonal quisieron probar que la práctica violenta es el único medio para recobrar presencia en su Imperio, y que es exactamente esto lo que el poder teme. Sólo una sociedad enferma acepta el maltrato, el secuestro y el presidio de sus iguales por no respetar la violencia institucional. Es así como se explica el miedo y la total pérdida de control por parte de la policía ante esa situación (a pesar de la enorme desproporción de fuerzas); tan pronto como nos reapropiamos de lo que es nuestro en potencia, la policía pierde desde ya el control; no consigue mantener la presencia de otro mundo en acto.

Mientras tanto, el eslogan “otro mundo es posible” es enarbolado por ciudadanos reformistas mostrando su total incapacidad de ver y oír más allá de su ideología socialdemócrata. La cuestión no es, evidentemente, que otros mundos sean posibles, sino que otros mundos ya están ahí, únicamente viven o dormitan bajo el peso del poder, y por eso mismo se les dirige la guerra. Bastaría con unos cuantos golpes bien asestados para hacer proliferar la potencia que encierran, su abrupta presencia en (ahora sí) nuestro mundo, y con un poco de valentía y maña hallar el camino que nos lleva hasta ellos. Un reciente ataque perpetrado por el poder hacia ese mundo en construcción ha sido el caso de Kasa de la Muntanya, en Barcelona, donde han secuestrado, interrogado y juzgado a once compañerxs y han encerrado a siete bajo la acusación de “asociacionismo ilícito con fines terroristas”. La solidaridad se presupone y se ejercita, pero también tarea de todxs nosotrxs es, en vistas al futuro, el de constituir zonas ofensivas de opacidad. La regla es sencilla: cuantos más territorios en construcción se superponen en una zona determinada, hay una mayor circulación entre ellos y por lo tanto el poder encuentra menos posiciones. La auto-organización local, imponiendo su propia geografía a la cartografía estatal, confunde a la dominación y la hace ceder.

En nuestra época, el final de las centralidades revolucionarias (y de sus organizaciones formales) responde a la descentralización del poder. Se podría tomar París, Roma o Londres sin conseguir la solución. El poder ya no se encuentra en un lugar del mundo, es el propio mundo, su Imperio de la dominación, sus flujos y sus avenidas, sus ciudadanos y sus normas, sus códigos y sus tecnologías. El poder es la propia organización de las metrópolis. Es la implacable totalidad del mundo de la mercancía en cada uno de sus puntos, donde las barreras entre unas cosas y otras se difuminan para conquistarlo todo. Por esta razón, quien derrota localmente produce una onda de choque planetaria a través de las redes. Los henchidos de rabia (como en el caso de Gamonal) son quienes surcan el desierto de esta ficticia abundancia y se desvanecen en sus zonas de opacidad ofensiva. Zona en cuanto a auto-organización local. Opaca (en relación al poder) en cuando a la superposición de diversas zonas y del anonimato de sus integrantes. Ofensiva en cuanto partícipes activos contra el Espectáculo de la mercancía y la dominación política.


Queda mucho por decir y por hacer, por lo tanto todo queda suspendido en el aire. Avanti.